Tras no obtener resultados positivos con tratamientos tradicionales como la quimioterapia y la cirugía, su dueño, el empresario australiano Paul Conyngham, decidió explorar alternativas poco convencionales que terminaron dando lugar a una vacuna experimental basada en ARN mensajero (ARNm).
La enfermedad que afectaba a Rosie, un agresivo cáncer de mastocitos, progresaba rápidamente, reduciendo considerablemente sus posibilidades de supervivencia. Frente a este panorama, Conyngham, con experiencia en análisis de datos y tecnología, recurrió a herramientas de inteligencia artificial para encontrar una posible solución. Utilizó modelos avanzados como ChatGPT y AlphaFold, con los que comenzó a investigar opciones terapéuticas innovadoras.
Fue a través de estas plataformas que surgió la recomendación de explorar la inmunoterapia como alternativa. Además, la inteligencia artificial lo orientó hacia el Centro de Genómica Ramaciotti, perteneciente a la Universidad de Nueva Gales del Sur (UNSW), donde podría realizar estudios más profundos sobre el caso. Paralelamente, AlphaFold fue utilizada para identificar proteínas alteradas en el tumor de Rosie que pudieran servir como blanco para tratamientos específicos.
Con esta información en mano, Conyngham se puso en contacto con el equipo liderado por el profesor asociado Martin Smith, especialista en biología computacional. Aunque inicialmente el centro no suele atender solicitudes individuales de este tipo, el empresario insistió en que, con su experiencia en análisis de datos y el apoyo de la inteligencia artificial, podría interpretar los resultados y avanzar en la búsqueda de una solución.
El proceso comenzó con la secuenciación del ADN de Rosie, tanto de células sanas como del tumor, con el objetivo de identificar las mutaciones responsables del cáncer. A partir de estos datos, Conyngham aplicó algoritmos para analizar posibles tratamientos dirigidos específicamente a esas alteraciones genéticas. Este enfoque permitió identificar un fármaco de inmunoterapia potencialmente útil, aunque no fue posible acceder a él bajo uso compasivo.
Ante esta limitación, surgió una nueva alternativa: desarrollar una vacuna personalizada basada en ARNm. La propuesta fue impulsada por el propio Smith, quien contactó a Pall Thordarson, director del Instituto de ARN de la UNSW. Con la información genética recopilada y el análisis previo realizado, Thordarson y su equipo diseñaron una vacuna adaptada específicamente al perfil tumoral de Rosie.
Este desarrollo representa un hito en la medicina veterinaria, ya que, según los investigadores, sería la primera vez que se crea una vacuna personalizada contra el cáncer para un perro. Más allá del caso particular, el avance abre la puerta a futuras aplicaciones en humanos, donde la medicina de precisión podría desempeñar un papel clave en el tratamiento de enfermedades complejas como el cáncer.
El caso de Rosie no solo evidencia el potencial de la inteligencia artificial en la investigación médica, sino también cómo la combinación de tecnología, ciencia y determinación personal puede dar lugar a soluciones innovadoras frente a desafíos que, hasta ahora, parecían no tener respuesta.