El defensor colombiano Brayan Carabalí atraviesa uno de los momentos más particulares de su carrera deportiva. Desde Beitar Jerusalén, en la Liga Premier de Israel, el zaguero no solo celebra su crecimiento futbolístico —recientemente marcó en la victoria 4-2 ante Maccabi Tel Aviv—, sino que también convive con una realidad compleja marcada por el contexto de guerra en medio oriente.
En entrevista con Blog Deportivo, Carabalí explicó que, pese a la tensión internacional, la vida cotidiana dentro del país mantiene cierta normalidad. El fútbol, en particular, continúa siendo un motor social importante.
“El torneo sigue, la vida sigue normal, aunque siempre con precauciones”, señaló el defensor, quien destacó que los estadios permanecen llenos y que la pasión de los aficionados no ha disminuido.
Se detuvo la liga
El colombiano reconoció que hubo momentos puntuales en los que la competencia se detuvo, especialmente tras recientes episodios de escalada en el conflicto. Sin embargo, las autoridades y el sistema de seguridad han permitido que la liga retome su curso.
“La seguridad es muy buena y eso da tranquilidad para seguir trabajando”, afirmó, subrayando que, aunque el contexto es complejo, el entorno deportivo se mantiene estable.
En lo futbolístico, Carabalí también resaltó las diferencias entre el balompié colombiano y el israelí. Según explicó, el ritmo de juego en Europa es mucho más intenso y dinámico, con transiciones rápidas que exigen una adaptación física y mental considerable.
“En cinco o seis segundos ya estás en el otro arco”, comentó, recordando que los primeros partidos fueron un reto importante mientras se ajustaba a la exigencia del nuevo entorno.
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Ese proceso de adaptación no solo implicó cambios dentro de la cancha, sino también fuera de ella. El defensor reveló que tuvo que transformar su estado físico para cumplir con los estándares del fútbol europeo, pasando de 105 a 93 kilos. Esta evolución, según cuenta, ha sido clave para mejorar su rendimiento y consolidarse como titular en su equipo.
Finalmente, Carabalí dejó ver que su buen presente ya empieza a generar interés desde otras ligas, con ofertas que podrían abrirle la puerta a nuevos desafíos en Europa. A sus 27 años, el defensor mantiene intacta la ambición de seguir creciendo profesionalmente y sueña con dar el salto a un nivel más alto, sin perder de vista un objetivo mayor: vestir algún día la camiseta de la Selección Colombia.