Johanna Alexandra Rojas recibió con satisfacción la decisión del Tribunal Superior de Cali que confirmó en segunda instancia la condena contra Tomás Velasco Castañeda por los hechos de violencia sexual y física que ella denunció en 2021. Para la mujer, el fallo representa un nuevo paso en un proceso judicial que, según relató, ha estado marcado por años de dificultades, mentiras y revictimización.
“Feliz, feliz. Yo creo que estamos muy contentos con el resultado. Fue un proceso de 5 años”, aseguró Rojas durante una entrevista, en la que recordó que la agresión ocurrió el 25 de septiembre de 2021, en la madrugada del día siguiente.
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Según su relato, en el mismo momento en que ocurrieron los hechos identificó que había sido víctima de una agresión sexual y física. Después de salir del lugar, se comunicó con sus padres, quienes fueron por ella y la acompañaron durante las primeras diligencias.
“Llegan los policías, me llevan a la clínica, hacemos como todo el proceso. Y de ahí lo que empieza es toda la ruta de violación, que es Medicina Legal, es ir a la Fiscalía, es citas con psiquiatras de la Fiscalía, trabajadora social”, explicó.
El caso avanzó posteriormente hacia distintas audiencias y un juicio oral. Rojas señaló que Velasco tuvo una orden de captura en diciembre de 2021 y permaneció un año bajo detención domiciliaria, pero posteriormente recuperó la libertad por vencimiento de términos.
La víctima también explicó que el proceso tuvo una consideración adicional debido a su condición de discapacidad. “Yo soy discapacitada, yo tengo prótesis en una pierna. Entonces, digamos que por eso el delito era acceso carnal violento agravado, el agravado por mi discapacidad”, manifestó.
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Más allá del escenario judicial, Johanna Rojas contó que los años posteriores a la agresión tuvieron un fuerte impacto en su salud mental. Durante el proceso recibió diagnósticos de ansiedad, depresión y estrés postraumático, por lo que tuvo acompañamiento profesional y estuvo medicada durante varios años.
En ese camino, destacó el respaldo de sus familiares, amigos y de las personas que decidieron creer en su relato.
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“Lo más importante para mí ha sido mi red de apoyo, que me hayan creído mis familiares, que me hayan creído mis amigos”, afirmó. Para Rojas, el acompañamiento psicológico y psiquiátrico fue fundamental para afrontar un proceso que en varios momentos llegó a hacerle pensar que la justicia no avanzaría.
“Muchas veces yo pensé que esto no iba a llegar a ningún lado y finalmente pues la justicia llegó”, expresó.
La confirmación de la condena en segunda instancia, agregó, también significó una forma de reafirmar la decisión que tomó años atrás de denunciar lo ocurrido.
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“Ha sido como una reconfirmación de que sí valía la pena hacerlo, de que sí valía la pena hablar, de que sí valía la pena no quedarse callado”, sostuvo.
Rojas, quien se desempeña como diseñadora de modas, tiene empresas y durante años ha creado contenido para redes sociales. Sin embargo, después de la denuncia decidió modificar la manera en que exponía su vida públicamente.
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La mujer contó que algunas marcas dejaron de trabajar con ella y que, durante el juicio, parte de la información que había publicado en redes sociales fue utilizada dentro de la estrategia de defensa.
“Me tocó volverme muy privada porque en las audiencias y en el juicio oral esta persona usó toda mi información de las redes sociales”, relató.
Según explicó, esa situación hizo que comenzara a cuestionarse incluso qué podía publicar sin que posteriormente fuera utilizado en su contra. “No sabía qué iban a coger ellos para usarlo en mi contra”, dijo.
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Rojas también recordó que durante años había compartido públicamente diferentes aspectos de su vida, entre ellos su experiencia con tres diagnósticos de cáncer y la historia de su familia. Después del proceso, sin embargo, empezó a sentir temor frente a la exposición.
Ahora, tras la decisión de segunda instancia, la mujer reconoce que todavía queda una etapa judicial pendiente, pues la defensa puede solicitar la casación. Aun así, considera que el fallo representa un momento importante después de cinco años de proceso.
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“Yo creo que esto era lo que había que hacer y lo correcto para muchas mujeres”, concluyó Johanna Rojas.