La historia de Maricarmen Abascal, la mujer de 87 años que se convirtió en uno de los rostros de la lucha contra los desalojos en Madrid, España, también tiene otra versión: la de la familia que fue propietaria durante décadas del edificio donde ella vivía.
Ignacio Lázaro fue vecino de Maricarmen Abascal y pertenece a la familia que fue propietaria durante décadas del edificio de Sainz de Baranda, en Madrid. Ahora cuestiona la forma en que se ha contado la historia y asegura que la versión de los antiguos dueños quedó prácticamente fuera del relato.
Publicidad
“Ahora aparecemos en la historia como fachas cabrones”, dijo Lázaro en una entrevista con ABC, al referirse a la imagen que, según él, terminó teniendo su familia después de que el caso de Maricarmen adquiriera notoriedad.
Lázaro no es actualmente propietario del inmueble. Su familia vendió el edificio alrededor de mayo de 2018 a Renta Corporación. Sin embargo, él creció allí y regresó a vivir al inmueble en enero de 2003, después de casarse y tener una hija. Su apartamento estaba en el sexto D, justo frente al de Maricarmen.
Desde esa experiencia, asegura que la imagen pública del caso no coincide con la persona que él conoció durante esos años.
“Mi primera sensación fue: ‘Joder, menos mal que no vivo en esa casa’. Porque la imagen que se ha dado es la de una pobre ancianita desahuciada y, desde mi experiencia personal, no encaja con la persona que yo conocí”, afirmó a ABC.
Publicidad
La historia de la familia propietaria
Lázaro considera que también se ha dejado de lado el origen de la propiedad y el esfuerzo de su familia para adquirirla.
Su abuelo, Ángel Lázaro, llegó a Madrid desde Brea de Aragón “con una maleta”, comenzó a trabajar y posteriormente creó un negocio relacionado con el calzado y la confección. Cuatro de sus seis hijas trabajaron durante toda su vida en la fábrica familiar.
Publicidad
Con ese trabajo y los ahorros de la familia consiguieron comprar el edificio en la década de 1950.
“Nosotros no somos hijos de marqueses. Mi abuelo llegó de un pueblo con una maleta, trabajó, creó un negocio y sus hijas trabajaron toda la vida. Ese esfuerzo permitió comprar aquella casa”, explicó.
Por eso, Lázaro reclama que también se tenga en cuenta quién estaba detrás de aquella propiedad.
Publicidad
“Que se haya olvidado que detrás de la propiedad también hay una historia. Una familia que ahorró, trabajó y que mantuvo durante décadas un edificio y unos contratos de alquiler”, sostuvo.
“No nos regalaron un edificio en Sáenz de Baranda”
La decisión que tomó la familia con Maricarmen
Dentro de esa versión, Lázaro también pone sobre la mesa qué ocurrió con el contrato de Maricarmen.
Publicidad
Según explicó, por la situación jurídica de entonces, el contrato habría terminado. Sin embargo, sus tías decidieron mantener la renta en 2007. “Era una señora que ya tenía unos 60 años”, contó.
Lázaro sostiene que esa decisión contradice la imagen de unos propietarios interesados en sacar a los inquilinos de sus viviendas.
“Se habla mucho de propietarios que quieren echar a la gente de sus casas, pero en nuestro caso se hizo lo contrario. Se mantuvo una situación por empatía”, aseguró.
Publicidad
En febrero de 2010, el recibo de Maricarmen ascendía a 436,06 euros, incluyendo conceptos como portería, agua, calefacción y obras. En 2016, la documentación del inmueble registraba una renta de 154,38 euros.
La familia también asumía, según el relato de Lázaro, distintos trabajos de mantenimiento del edificio, entre ellos reparaciones, actuaciones en patios, trabajos de pocería y obras en el ascensor.
Publicidad
Una experiencia personal marcada por los conflictos
Lázaro describió a Maricarmen como “una persona extremadamente molesta”, “desagradable en el trato” y “muy particular y protestona”. Según su relato, durante los años que vivieron en el mismo edificio hubo constantes quejas por cuestiones como la calefacción, el ascensor, el ruido y los niños.
Después de la venta del edificio, Ignacio se trasladó a Rivas-Vaciamadrid y pasó a pagar 1.200 euros de alquiler por un chalet. Su hermano alquiló una vivienda en Torrelodones y su hermana se trasladó a Asturias.
Para Lázaro, el caso también deja una preocupación más amplia sobre quienes compran propiedades como una forma de construir un patrimonio.
Publicidad
“Lo que me preocupa es que se persiga a la gente que intenta construir un ahorro para su jubilación o para sus hijos”, afirmó.