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De la presión energética a ciberataques: cómo opera la guerra híbrida contra Europa, según experto

Felipe Bernal, estratega internacional y asesor en políticas públicas y energía, explicó en Blu Radio los métodos encubiertos con los que Rusia busca debilitar la cohesión occidental, aumentar costos de seguridad y reducir respaldo militar a Ucrania sin recurrir al choque bélico tradicional.

Felipe Bernal Guarín, experto en el sector energético y geopolítica.
Felipe Bernal Guarín, experto en el sector energético y geopolítica.
Suministrada.

En el complejo tablero geopolítico que rodea el conflicto en el este del continente europeo, las confrontaciones bélicas tradicionales en las trincheras han pasado a complementarse con una ofensiva silenciosa y multidimensional: la guerra híbrida. A través de la presión en el suministro de combustibles, sabotajes encubiertos, ciberataques a infraestructura crítica y campañas sistemáticas de desinformación, las potencias buscan vulnerar a sus rivales desde el interior.

En diálogo con Mañanas BLU, el estratega internacional y especialista en políticas públicas, relaciones exteriores y energía, Felipe Bernal, desglosó el funcionamiento y los propósitos estratégicos de este esquema de agresión en Europa.

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¿Qué es la guerra híbrida y por qué desplaza al combate militar?

Bernal definió esta modalidad como una estrategia de confrontación integral que entrelaza métodos abiertos y clandestinos, orientada a golpear la estructura decisoria de los Estados antes que a destruir sus ejércitos en el campo de batalla:

"La guerra híbrida es una estrategia de confrontación que combina, tanto instrumentos militares como no militares, convencionales y no convencionales, abiertos y encubiertos. Su particularidad, Ricardo, es que no busca necesariamente derrotar militarmente al adversario. Esto es muy relevante frente a lo que era la guerra convencional, sino que busca es erosionar la capacidad de decisión, debilitar instituciones, fracturar cohesión social... afectar la economía y, por supuesto, también en ocasiones explotar lo que son las vulnerabilidades internas de los países".

Para el analista, la efectividad práctica de estos mecanismos ha llevado a que el choque militar directo resulte menos ventajoso para los intereses de las potencias:

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"Cada vez resulta menos efectivo tener combate militar en terreno que acudir a todas estas manifestaciones de la guerra híbrida que resultan más efectivas".

Como hito doctrinario que marcó el estándar moderno de estas acciones en suelo europeo, Bernal recordó lo sucedido en 2014 en la península de Crimea:

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"Uno de los casos que también se vuelve emblemático y casi que el que determinó lo que fue la efectividad de la guerra híbrida en el mundo fue Rusia con Crimea... Rusia combinó lo que fueron las fuerzas militares sin identificación oficial. Eso lo llamaban como los Little Green Men, para tomar posiciones estratégicas en Crimea. Tenían operaciones de desinformación para confundir a la población y cuestionar legitimidad del gobierno ucraniano... y por supuesto unas operaciones cibernéticas contra la infraestructura crítica de las instituciones del país".

La energía como arma y la ofensiva cibernética

Al detallar cómo se manifiesta esta confrontación frente a las naciones europeas, Bernal remarcó que Rusia recurre a la desestabilización directa de los mercados y las redes de servicios esenciales:

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"Por ejemplo Rusia, cuando hablamos de Rusia hay desestabilización y coerción con operaciones de influencia y desinformación, sabotaje... ciberataque y espionaje, presión energética y migratoria. Vimos lo que pasó con el diésel a nivel internacional. La energía se vuelve un arma geopolítica justamente de desestabilización, no solo en el mercado energético a nivel internacional. Y por supuesto, pues vienen unos temas de explotación de divisiones políticas y sociales".

En el campo tecnológico, la sofisticación de los atacantes digitales supera las barreras defensivas de los Estados. Bernal advirtió que la dificultad para catalogar un ciberataque como una declaración formal de guerra radica en la complejidad probatoria y en la tercerización mediante actores delegados o proxies:

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"Yo creo que todo recae en la prueba, porque sin tener una prueba específica del origen, de la intención y sobre todo de la magnitud de la desestabilización, pues no se puede generar, creo yo, una declaración de guerra. A raíz de estos proxies, el origen casi que ya se vuelve irrelevante, yo puedo generar una desestabilización para Rusia desde cualquier país del mundo donde tengo una persona, una banda o un grupo alineado que tiene las capacidades desarrolladas".

El objetivo de Rusia en Europa: cohesión occidental y los Países Bálticos

Frente a la inquietud sobre si estas agresiones son el preámbulo de una invasión continental a gran escala, el experto descartó que Moscú pretenda una ocupación total y precisó cuáles son sus metas reales:

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"Más que haya como una línea delgada donde la guerra híbrida pasa a ser convencional, es que es más complementaria. El [objetivo estratégico] de Rusia, y se lo digo claramente: debilitar la cohesión occidental, reducir el apoyo a Ucrania y aumentar los costos de seguridad de Europa. Ellos van principalmente y su interés desde hace muchos años y décadas son los Bálticos. Entonces, no podemos también pensar que van por toda Europa porque tampoco lo podrían hacer, ni les interesa. La posición geográfica es fundamental".

Escuche la entrevista aquí:

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