La ciudad autónoma de Ceuta, un enclave español de apenas 21 kilómetros cuadrados y 80.000 habitantes en el norte de África, vive horas críticas tras una de las mayores crisis migratorias de su historia reciente. El doctor José Enrique Roviralta Arango, presidente del Colegio Oficial de Médicos de Ceuta y del sindicato médico local, describió la situación como un escenario de aislamiento y desamparo estatal que ha puesto al límite la capacidad sanitaria de la región.
Un escenario de catástrofe y aislamiento
Durante las primeras 48 horas de la incursión masiva, el caos se apoderó de las calles. Según Roviralta, la ciudad pasó de una "catástrofe absoluta" con una estimación de "unos 200 muertos, la mayoría por aplastamiento y ahogamiento" cuyos cadáveres probablemente "no aparecerán nunca".
El representante gremial criticó con dureza la falta de respaldo oportuno de las autoridades centrales, señalando que el aislamiento geográfico de la ciudad autónoma agravó la emergencia: "Ceuta es una ciudad de 21 km² con 80.000 habitantes en el norte de África... ese aislamiento es lo que provocó que nos viéramos muy solos, muy solos".
La primera línea de respuesta recayó sobre el personal médico y de enfermería, quienes se vieron obligados a doblar turnos bajo una extrema presión emocional. El doctor relató el tremendo desgaste del sector, con profesionales "incluso llorando ya de crisis emocionales".
A pesar del agotamiento, Roviralta destacó la entrega de los sanitarios, cuya vocación "pudo salvar muchas más vidas de las que hubieran sido".
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El drama de los menores en el limbo legal
Uno de los aspectos más alarmantes de la crisis es la situación de los menores de edad. Aunque las cifras oficiales hablan de unos 1.000, estimaciones extraoficiales apuntan a que podría haber hasta 7.000 menores deambulando por el territorio.
Muchos se encuentran durmiendo en las calles o hacinados en naves industriales, a menudo mezclados adultos con menores, en medio de reportes de extrema gravedad: "Esto es un auténtico desastre... parece que incluso hay violaciones de menores".
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Esta población genera además complejos dilemas éticos y administrativos para los profesionales de la salud. Roviralta, otorrinolaringólogo de profesión, expuso el caso de un supuesto menor ingresado con una fractura nasal que requería cirugía.
El cirujano se vio ante la imposibilidad de operar debido a la falta de un tutor legal que autorizara el procedimiento, puesto que los padres del joven permanecen en Marruecos.
Frente a estas trabas burocráticas, el doctor recordó el compromiso inquebrantable de su profesión: "El médico tiene un código deontológico... que hace que al final pongamos a la persona y al enfermo por encima de todo, incluso a veces de las normas, reglamentos y leyes".
Escuche aquí a entrevista: