La confirmación de la muerte del líder supremo de Irán abre, según el académico estadounidense-israelí y exmiembro de fuerzas especiales del ejército israelí José Lev Álvarez, un escenario de transformación profunda tanto dentro del país como en el equilibrio geopolítico global. En su análisis, el experto sostiene que la eliminación del líder ‘descabeza’ la estructura central del régimen y provoca un problema estructural inmediato en la cadena de mando iraní, especialmente porque también habrían sido eliminados el ministro de Defensa, el jefe de inteligencia y asesores clave.
Para Álvarez, el primer impacto directo se verá en el programa nuclear y balístico de Irán. Afirma que este quedará afectado en dos terceras partes y que, si los bombardeos continuaran durante dos o tres semanas adicionales, más del 60% de esa infraestructura podría colapsar. Según el experto, el objetivo estratégico de Israel es claro: impedir que Irán mantenga capacidades nucleares y balísticas que representen una amenaza directa contra su territorio. Desde su perspectiva, el golpe es severo y compromete seriamente la capacidad militar estratégica iraní.
El segundo punto que destaca es la incertidumbre interna dentro del régimen. Señala que ahora la pregunta central es quién asumirá el control, cómo se producirá esa transición y cuáles serán las vulnerabilidades del sistema en este proceso. Subraya que el actor clave será la Guardia Revolucionaria iraní, a la que define como la entidad político-militar más influyente del país. Según su perspectiva, cualquier cambio real dependerá no solo de los bombardeos sino del comportamiento de la población civil, porque, según explica, las guerras no se ganan únicamente desde el aire, sino con respaldo interno sobre el terreno. La reacción de la población será determinante para saber si el régimen logra reacomodarse o si entra en un proceso de debilitamiento más profundo.
En el panorama económico y energético, el experto advierte sobre el riesgo vinculado al estrecho de Ormuz. Explica que China compra entre el 85% y el 90% del petróleo iraní y que, si Irán decidiera cerrar ese paso marítimo como amenaza, el precio del petróleo aumentaría considerablemente. Esto afectaría de manera especial a China y generaría un problema internacional. También menciona la posibilidad de que Estados Unidos utilice sus reservas estratégicas de petróleo para mitigar el impacto mientras se resuelve la situación y hasta que el régimen pierda control naval sobre esa zona.
Álvarez considera además que la muerte del líder iraní rompe el eje estratégico que, según describe, estaba conformado por Rusia, China, Corea del Norte, Teherán y Caracas. Sostiene que ese bloque pierde su punto de convergencia y que incluso podrían verse consecuencias en espacios como los BRICS si Irán deja de desempeñar el papel que venía jugando. En ese contexto, menciona que Arabia Saudita podría alejarse definitivamente de cualquier coincidencia con Irán y acercarse nuevamente a Israel y Estados Unidos, retomando el camino de los Acuerdos de Abraham.
El análisis también aborda repercusiones en América Latina. El experto señala que Hezbolá, organización que vincula con actividades ilícitas y distribución de cocaína en la región, especialmente en la triple frontera, podría entrar en crisis si pierde financiamiento iraní. A su juicio, la caída de Irán significaría el debilitamiento de esas redes y podría representar el inicio del fin de ciertas operaciones ilegales vinculadas a ese apoyo.
En el conflicto entre Rusia y Ucrania, José Álvarez sostiene que el programa de drones iraní podría verse afectado de manera decisiva. Explica que Rusia ha sido uno de los principales compradores de estos sistemas y que, si Irán pierde capacidad productiva, Moscú se quedaría sin proveedor, lo que tendría repercusiones directas en el frente ucraniano.
Finalmente, el experto plantea un posible cambio histórico en Medio Oriente: la posibilidad de que, por primera vez, aviaciones de países sunitas participen junto a Estados Unidos e Israel en operaciones contra Irán. Considera que esto modificaría el equilibrio regional y aumentaría la presión sobre países como Arabia Saudita, Siria y Líbano para normalizar relaciones con Israel.