El politólogo Yann Basset analizó las implicaciones del concepto de "batalla cultural" en el nuevo gobierno de Abelardo De La Espriella. En diálogo con Mañanas Blu 10:30, el docente de la Universidad del Rosario explicó el origen de esta retórica, el impacto de los valores judeocristianos en ministerios clave y los riesgos políticos que conlleva centrar la agenda en debates de identidad.
¿En qué consiste la denominada "batalla cultural"?
El concepto proviene del debate político conservador en los Estados Unidos como una reacción frente a las agendas progresistas. Basset indicó que se fundamenta en la idea de reivindicar a sectores de la población mayoritaria frente a lo que perciben como una atención desproporcionada hacia minorías étnicas, movimientos feministas y comunidades LGBTIQ+.
“Consiste en la idea que hay que reivindicar un poco a la gente promedia y en contra de las minorías. Es una reacción contra estos movimientos que pedían medidas antidiscriminación a favor de estas minorías”, precisó Yann Basset.
En Colombia, el experto considera que la adopción de este enfoque responde a un intento de balancear la agenda del gobierno saliente de Gustavo Petro, la cual dio visibilidad a líderes afrocolombianos e indígenas.
El papel de los valores judeocristianos en Educación y Cultura
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Con la designación de figuras de corte tradicionalista en carteras ministeriales, la administración entrante busca posicionar la defensa de la familia tradicional como pilar institucional. Basset advirtió que existe una paradoja estructural en este planteamiento estratégico.
“Esta batalla cultural reivindica finalmente la religión de la mayoría, pero curiosamente es un discurso que es portado por minorías religiosas evangélicas en particular”, señaló el analista sobre las contradicciones del discurso.
¿Qué riesgos implica polarizar la agenda pública en debates identitarios?
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A diferencia de las discusiones sobre temas socioeconómicos, donde las partes pueden llegar a acuerdos o compromisos laborales, las controversias centradas en la identidad suelen resultar complejas de concertar en el ámbito legislativo.
“El riesgo es que, al organizar la vida política alrededor de estas cuestiones, terminamos en debates sobre cuestiones de identidad que no son negociables. El riesgo finalmente es que terminemos en una política de juego de suma nula y muy agresiva”, concluyó el politólogo.