Durante años el inglés ha sido presentado como el pasaporte para acceder a mejores empleos, becas, intercambios académicos y un mercado laboral cada vez más globalizado. Sin embargo, para la mayoría de los jóvenes colombianos esa puerta sigue cerrada incluso antes de terminar el colegio. El más reciente informe del Observatorio de Realidades Educativas (ORE) confirma que esa promesa aún está lejos de cumplirse ya que apenas el 15 % de los estudiantes alcanza el nivel esperado de inglés (B1 o superior), muy por debajo de la meta del 40 % fijada por el Ministerio de Educación, mientras que el 39 % permanece en el nivel Pre-A1, el más bajo de la escala internacional.
Pero las cifras cuentan solo una parte de la historia. Detrás de ellas se esconde un sistema educativo que continúa distribuyendo las oportunidades de manera desigual. Para Santiago Navia, investigador del ORE, una de las principales explicaciones está en el momento en que comienza el aprendizaje del idioma. Mientras en los colegios privados se promueve el contacto con el inglés desde edades tempranas, en el sector oficial esta enseñanza no está contemplada y suele iniciarse de manera sistemática hasta la secundaria, una diferencia que, a su juicio, explica buena parte de las brechas actuales.
Los resultados reflejan esa desigualdad. Uno de cada tres estudiantes de colegios privados es decir el 33 % alcanza el nivel esperado, mientras que en las instituciones oficiales apenas lo logra el 8 %. La brecha entre ambos sectores ya es de 25 puntos porcentuales, la más alta registrada entre todas las áreas evaluadas en las Pruebas Saber 11. Para Navia, esto demuestra que el inglés dejó de ser solo una asignatura con bajos resultados y pasó a convertirse en "uno de los síntomas más claros del apartheid educativo", pues representa "esa punta del iceberg donde se evidencian esas brechas grandes tanto por sector como por región".
Las diferencias también se reflejan en el territorio, mientras Quindío registra cerca del 20 % de estudiantes con el nivel esperado, en Vaupés la cifra apenas alcanza el 2 %. Aunque el departamento cafetero se ha convertido en un referente nacional, Navia considera que el reto no es copiar modelos, sino comprender qué decisiones institucionales y qué procesos de acompañamiento docente permitieron alcanzar esos resultados para adaptarlos a otros contextos.
A estas desigualdades se suman las brechas tecnológicas de las cuales Navia sostiene que el acceso a internet y una infraestructura educativa de calidad tienen un impacto muy importante en el aprendizaje del idioma, pues facilitan el acceso a herramientas y recursos que enriquecen la enseñanza. Cuando estos elementos faltan, las oportunidades de aprendizaje también se reducen.
Las consecuencias trascienden el resultado de un examen. Dominar el inglés puede abrir la puerta a becas, empleos y programas académicos; no hacerlo significa quedar al margen de muchas de esas oportunidades. Según Navia, solo "un subgrupo muy pequeño de estudiantes logra aprovecharlas, mientras que la mayoría, especialmente quienes provienen del sector oficial, no desarrolla las competencias mínimas” . Por ello, insiste en que el inglés debería ser una herramienta de movilidad social y no un factor que profundice las desigualdades. De lo contrario, advierte, muchos jóvenes seguirán graduándose con "bastante frustración" e incluso con "un sentido de injusticia", al sentir que se enfrentan a un mercado con menos oportunidades.
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Aunque durante las últimas dos décadas Colombia ha impulsado distintos programas para fortalecer la enseñanza del idioma, los resultados siguen siendo limitados "Las metas siguen iguales y los indicadores se han movido muy poco", afirma Navia. Si bien reconoce el potencial de herramientas como la inteligencia artificial, advierte que, sin una infraestructura digital equitativa, estas podrían convertirse en una nueva fuente de desigualdad.
El reto, no consiste únicamente en enseñar una lengua extranjera, sino en garantizar que aprender inglés deje de depender del tipo de colegio, el lugar de origen o la capacidad económica de cada familia.