El fin de semana, cuando el barrio Los Álamos quedó en silencio por un apagón inesperado, nadie imaginó que minutos después el fuego lo consumiría todo. Lo que por años fue construido con esfuerzo, tabla a tabla, ladrillo a ladrillo, terminó reducido a cenizas en cuestión de horas.
Hoy, entre escombros humeantes y el olor persistente a madera quemada, más de 150 familias intentan asimilar la magnitud de la tragedia: niños sin cuadernos, adultos mayores sin abrigo y hogares enteros sin un solo objeto que rescatar.
La alcaldesa de Ibagué, Johana Ximena Aranda Rivera, llegó al lugar y confirmó el impacto devastador en entrevista con Meridiano de Blu Radio. “Han sido 150 familias las que perdieron absolutamente todo”, afirmó, con la voz marcada por la gravedad del momento.
El llamado fue inmediato. “Queremos hacer un llamado a todo el pueblo ibaguereño, a la solidaridad del corazón de los tolimenses… estas familias requieren esa mano solidaria”, insistió, invitando a la ciudadanía a volcarse en ayuda.
Mientras tanto, las autoridades comienzan a reconstruir lo ocurrido. El secretario de Ambiente y Gestión del Riesgo, Harold Wilches, explicó que las primeras hipótesis apuntan a una falla eléctrica. “Minutos antes hubo un apagón en el sector… aparentemente fue un cortocircuito en una caja de conexión y posteriormente se vino todo este incendio”, señaló.
Don Jaime recuerda el momento exacto en que todo cambió. A las 10 de la noche no había luz. Luego llegaron los gritos: “¡Candela, salgan!”. Intentó apagar el fuego con baldes de agua hasta que el humo lo obligó a huir. “Le doy gracias a Dios de que no hubo pérdidas humanas; perdimos lo material”, dice, aún con la mirada fija en lo que fue su hogar.
Más duro aún es el relato de Jhon Freddy, vigilante, quien hace poco había conseguido estabilidad laboral. “Perdí todo… la nevera, la lavadora, la ropa de los niños, los cuadernos… todo”, cuenta.
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Su casa, levantada durante cinco o seis años junto a su esposa, desapareció en minutos. “Las camas de los niños todavía las estaba pagando”, agrega, dejando al descubierto la dimensión silenciosa de la tragedia: los sueños a crédito que nunca alcanzaron a terminarse.
En medio del dolor, la solidaridad empieza a moverse. La Alcaldía habilitó un punto de acopio en el parque del barrio Los Álamos y también en la cancha múltiple del sector, donde se están recibiendo ayudas humanitarias.
Alimentos no perecederos, ropa, zapatos, cobijas, colchonetas, kits de aseo y utensilios de cocina son, hoy, lo más urgente. “Estamos haciendo entregas iniciales para que tengan al menos un lugar donde dormir y algo que comer”, explicó Wilches, mientras avanzan los censos y la atención a los damnificados.
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Las familias, sin embargo, enfrentan otra incertidumbre: la posibilidad de no poder reconstruir en el mismo lugar, debido al alto riesgo de la zona. Por ahora, entre cenizas y recuerdos, lo único firme es la esperanza.
La esperanza de que la solidaridad de Ibagué logre, poco a poco, devolverles algo de lo que el fuego les arrebató en una sola noche.