La Conferencia Episcopal de Colombia manifestó su preocupación por el deterioro de la situación humanitaria en varias regiones del país, al señalar que expresa “su profundo dolor, consternación y preocupación ante el recrudecimiento de la violencia y la crisis humanitaria” que afecta a departamentos como Huila, Meta, Cauca, Valle del Cauca y Nariño.
El documento, firmado por monseñor Francisco Javier Múnera, presidente de la Conferencia Episcopal, junto a otros representantes de la Iglesia en Colombia, rechazó los recientes hechos violentos y advirtió que estos “han cobrado numerosas vidas humanas y dejado múltiples heridos, incluyendo población civil, líderes sociales y comunidades vulnerables”, lo que, según señalan, “evidencia una situación alarmante que hiere la dignidad humana y quebranta el derecho fundamental a la vida”.
Frente a este panorama, el mensaje es enfático: “Nada justifica la violencia”, y agrega que “toda acción armada que atente contra la población civil constituye una grave ofensa a Dios y una ruptura del orden moral y social”. En ese sentido, insiste en que “la vida humana es sagrada y debe ser protegida en toda circunstancia”.
“Expresamos nuestra solidaridad con las familias que hoy lloran a sus seres queridos, con los heridos, con las comunidades indígenas, afrodescendientes y campesinas que sufren el impacto desproporcionado del conflicto. La Iglesia camina con ustedes, acompaña su dolor y reafirma su compromiso de seguir siendo presencia de esperanza en medio de la adversidad”, señala el comunicado.
Asimismo, la Conferencia Episcopal hizo un llamado a los actores armados a cesar cualquier acto que atente contra la vida y a cumplir con el derecho internacional humanitario. También le pidió al Estado redoblar los esfuerzos para proteger a la población, el acceso a bienes y su presencia en los territorios, al tiempo que subraya que “la crisis humanitaria exige respuestas urgentes, coordinadas y sostenibles”.
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Finalmente, la Iglesia hace un llamado a la sociedad a no ser indiferente y convoca a las comunidades eclesiales a “intensificar la oración por la paz en toda Colombia y a promover acciones concretas de ayuda humanitaria a las poblaciones afectadas”.