El estudio, desarrollado entre 2014 y 2018, examinó cómo los concursos de belleza para niñas se han convertido en una práctica socialmente aceptada en diferentes regiones del país. Para ello, la investigadora recorrió ciudades como Barranquilla, Bucaramanga, Tunja, Pereira, Santa Rosa de Cabal y Bogotá, observando reinados escolares, municipales, comerciales y nacionales.
Uno de los casos más controvertidos documentados fue el de “Miss Tanguita”, certamen realizado en Barbosa, Santander, donde niñas desfilaban en bikini a orillas del río Suárez. Las imágenes se difundieron internacionalmente y generaron fuertes críticas por la sexualización de menores de edad. Sin embargo, las autoridades locales defendieron la actividad argumentando que contaba con permisos oficiales.
Según el estudio, el episodio evidenció que no se trataba de situaciones aisladas, sino de una práctica profundamente normalizada y respaldada por distintos sectores de la sociedad. Según la investigación, algunos concursos reproducen dinámicas similares a las de los reinados de belleza para mujeres adultas, incluyendo maquillaje, peinados especializados, entrenamiento en pasarela y evaluaciones centradas en la apariencia física.
La investigación también identificó el papel fundamental de madres y abuelas en la transmisión de estas tradiciones. En varias regiones, las familias relataron historias de tres generaciones consecutivas de mujeres que habían participado en reinados, consolidando estos eventos como parte de la construcción de la identidad femenina.
Otro hallazgo relevante fue el impacto económico detrás de estos certámenes. Muchas familias invierten importantes sumas de dinero en vestidos, maquillaje, clases de modelaje y desplazamientos, con la expectativa de que los concursos representen oportunidades de ascenso social o acceso al mundo de la publicidad y el modelaje infantil.
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El estudio señala además que estas prácticas atraviesan distintos niveles socioeconómicos y contextos culturales, mientras algunos reinados están asociados a festividades tradicionales y celebraciones folclóricas, otros son organizados por colegios, centros comerciales, alcaldías o empresas privadas, contribuyendo a que los concursos sean percibidos como “actividades normales e incluso deseables”.
Como resultado de debates públicos sobre la exposición de menores en este tipo de eventos, departamentos como Risaralda y Antioquia han prohibido los reinados infantiles en instituciones educativas. No obstante, la práctica continúa vigente en gran parte del territorio nacional.