Con la voz entrecortada y los ojos llenos de lágrimas, uno de los sobrevivientes del accidente aéreo de la Fuerza Aérea Colombiana revivió los instantes más angustiosos que marcaron su vida para siempre. Su relato no solo reconstruye la tragedia vivida en el aire, sino que deja al descubierto la impotencia de decenas de uniformados que sabían que el impacto era inminente.
“En el momento que pasó esa situación, el personal de la Fuerza Aérea nos dijo que nos sujetáramos porque íbamos a caer”, recordó.
El militar, ubicado en la parte trasera de la aeronave, en la cola del avión, alcanzó a ver por una de las ventanas cómo todo se salía de control. Afuera, el panorama era incierto; adentro, el caos empezaba a tomar forma.
Los golpes en la estructura del avión comenzaron a sentirse con fuerza. Cada sacudida era más violenta que la anterior. Fue entonces cuando la tripulación lanzó la orden que nadie quería escuchar: “Prepárense para impacto, agárrense”.
En medio del pánico, cada segundo contaba. Sin embargo, el peso del equipo que cargaba, más de 100 kilos, le impedía reaccionar con libertad. “No me podía agarrar de los lados… entonces me aferré a mi equipo, era lo único que podía hacer”, relató, describiendo cómo ese mismo peso que lo limitaba terminó siendo su única ancla en medio del desastre.
A su alrededor, sus compañeros intentaban sobrevivir como podían. Algunos se sujetaban con fuerza, otros se agachaban cubriendo sus cabezas. Nadie gritaba órdenes, nadie corría: todos entendían que no había escapatoria.
“No hubo tiempo para lanzarse del avión, ninguno se lanzó… no hubo tiempo para nada”, dijo, dejando en evidencia la rapidez con la que ocurrió la tragedia.
A pesar del horror vivido y de haber visto morir a decenas de sus compañeros, el uniformado no duda en su decisión de continuar en la institución. “Mi mayor orgullo es estar en el Ejército. No importa lo que pase, yo voy a seguir adelante. Ese es mi hogar, esa es mi familia”, afirmó con firmeza.