Este fin de semana estuve realizando algunas actividades de bienestar en Los Palmitos y Corozal en el departamento de Sucre. Me reuní con padres de familia y con la comunidad en general. Siempre quiero que esos encuentros sean inspiración para que cada uno tome conciencia de que es el protagonista de su vida y tiene que actuar con la inteligencia y sabiduría necesaria.
Por las circunstancias se dan algunos diálogos personas y allí me encuentro con la seguridad de que el tema del bienestar es un algo personalizado no se puede caer en la trampa de recetas universales. Sí, escuchando a cada persona uno encuentra singularidades a las que no responden las fórmulas mágicas.
Y es que durante años nos vendieron la idea de que existiría una fórmula universal para estar bien. La rutina perfecta, la dieta ideal, la mañana productiva que, si todos imitábamos, nos llevaría al equilibrio. La realidad terminó imponiéndose: las personas no somos iguales, y pretender vivir como si lo fuéramos solo genera frustración.
El bienestar personalizado parte de una verdad sencilla, pero exigente: conocerse implica entender que tu cuerpo, tu historia emocional, tus ritmos y tus circunstancias no son los mismos que los de nadie más. Por eso, lo que para uno es disciplina, para otro puede ser desgaste; lo que para uno es descanso, para otro puede ser evasión.
Desarrollar este enfoque exige dejar de copiar y empezar a observar. Por ejemplo, hay quien encuentra claridad mental levantándose a las cinco de la mañana, mientras otro necesita dormir más para poder funcionar con estabilidad emocional. Hay quien se siente bien con una alimentación estructurada, y quien mejora su relación con la comida cuando deja de contar calorías y aprende a escuchar su cuerpo. Incluso en el ejercicio ocurre lo mismo: no todos necesitan rutinas intensas; algunos encuentran bienestar en caminar, en bailar o en moverse sin presión.
El problema es que personalizar el bienestar implica asumir responsabilidad. Ya no hay a quién culpar si algo no funciona. Toca ajustar, probar, equivocarse y volver a intentar.