
Me gusta llamar a las personas que quiero simplemente para saber de ellos y conversar un rato. No tengo que esperar a que haya un motivo; creo que las relaciones se alimentan también de esas expresiones de afecto. Me impresiona que algunas familias solo se encuentren y compartan tiempo cuando hay un velorio de alguno de sus miembros, y terminen diciendo: "No debemos esperar solo estos momentos". Estoy de acuerdo; los vínculos afectivos exigen que estemos atentos los unos a los otros cotidianamente. Estoy convencido de que la felicidad depende de la calidad de los vínculos afectivos que tenemos. Nadie que construya vínculos marcados por el irrespeto, la violencia o la indiferencia podrá tener el contexto necesario para vivir en felicidad.
¿Cómo se cuidan los vínculos afectivos? Te propongo cinco actitudes concretas:
Destacar la comprensión y empatía: Mostrar interés por las preocupaciones y alegrías del otro, ofreciendo tu apoyo cuando lo necesite.
Respetar la individualidad: Las personas no son como nosotros queremos, sino como su esencia se lo permite. Por eso, hay que reconocer y respetar las diferencias y el espacio personal de la otra persona.
Reconocer lo que la otra persona es y hace: Celebrar sus triunfos y progresos sin envidia y con sinceridad. También se trata de valorar y agradecer las cosas buenas que la otra persona hace por ti.
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Ser confiable: La confianza siempre es una conquista. Para ello, hay que cumplir las promesas que se hacen y mostrarse comprometido con la relación. Nada es más dañino que la mentira y el chisme, que generan mucha desconfianza.
Saber resolver los conflictos de manera solidaria y efectiva: Toda relación tiene desencuentros y hay que saber superarlos. Esto permite cuidar el bienestar emocional, para que la relación no sea un ancla o una fuente de emociones tristes, sino un catalizador para el desarrollo general de la vida.
Considero que la principal tarea que tenemos es cuidar la relación con aquellos a los que decimos amar.