Editorial de Camila Zuluaga: el compromiso de romper el silencio
"Hoy, ver que las nuevas generaciones ya no normalizan lo que antes era "parte del paisaje" me genera una profunda satisfacción, pero también una gran responsabilidad".
Publicidad
Publicidad
Publicidad
Publicidad
Como les manifesté el pasado viernes, tras conocerse el comunicado oficial de Caracol Televisión sobre las investigaciones por acoso sexual contra dos periodistas y presentadores, siento la responsabilidad —tanto profesional como personal— de compartir una reflexión profunda con ustedes.
Hace siete años, cuando regresé a Colombia para integrarme al equipo de BLU Radio y Caracol Televisión, lo hice con una convicción y una agenda clara: poner el periodismo al servicio de los derechos de las mujeres. Durante este tiempo, este programa ha sido un espacio abierto para que periodistas, estudiantes y trabajadoras de diversos sectores alzaran su voz contra el acoso en sus entornos laborales.
Recordamos casos que marcaron hitos, como las denuncias en la Universidad Nacional contra Fabián Sanabria y otros docentes; lo ocurrido con Hernando José Gómez en Asobancaria; o las valientes testimonios de colegas en distintos medios. Junto a Claudia Palacios, incluso creamos la sección "No es Normal", un esfuerzo pedagógico para desnaturalizar comportamientos que durante décadas fueron aceptados, pero que son, en realidad, formas de violencia y acoso.
Hacer esa pedagogía nos permitió conocer cientos de historias. Hoy, ver que las nuevas generaciones ya no normalizan lo que antes era "parte del paisaje" me genera una profunda satisfacción, pero también una gran responsabilidad.
Sin embargo, debo ser honesta: este es un momento duro. Hago parte de esta casa desde hace siete años y uno nunca está realmente preparada para enfrentar que estas situaciones ocurran en la propia compañía, con personas que uno conoce y en los pasillos que uno transita.
Por eso, hoy mi primer mensaje es de gratitud y reconocimiento a las mujeres que se atrevieron a denunciar. Solo quienes hemos estado cerca de estos procesos sabemos el miedo paralizante y las consecuencias que enfrentan: el estigma de ser llamadas "locas", "feminazis" o "perseguidoras de hombres".
La dificultad de la prueba: El acoso sexual suele ocurrir en la sombra, sin testigos ni grabaciones. Por eso, mi postura ha sido y seguirá siendo que a las víctimas hay que creerles. Muchas veces, su voz es la única prueba que tienen, y esa voz debe tener peso.
El peso del silencio: Debemos reflexionar sobre los "silencios indebidos" de quienes presenciaron estos comportamientos y no dijeron nada. La complicidad pasiva es lo que permite que el acoso se perpetúe por años.
Publicidad
Cierre de un ciclo y apertura de otro: Siento que estos siete años de trabajo a conciencia están viendo la luz. Que las mujeres se estén organizando para decir "basta" en todos los niveles, incluyendo nuestra propia casa, es la señal de que el cambio es irreversible.
No estamos dispuestas a aceptar esto nunca más. Mi compromiso como periodista y como feminista es seguir garantizando que, donde haya una mujer silenciada por el acoso, aquí habrá un micrófono dispuesto a escucharla.