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El "éxito cansado": la dura reflexión sobre vivir corriendo detrás de las metas

La vida no necesita ser espectacular para ser hermosa. Basta con sentir que estamos cumpliendo nuestro propósito.

¿Formas en las que toma decisiones determinan su felicidad?
¿Formas en las que toma decisiones determinan su felicidad?
Foto: pexels

Hace unos días coincidí con un viejo conocido. Nos sentamos a tomar un café y, después de los saludos de rigor, comenzó a contarme todo lo que había logrado en los últimos años. Me habló de sus negocios, de los países que había visitado, del carro que acababa de comprar y de los proyectos que tenía para el futuro. Lo escuché con atención. Cuando terminó, hizo una pausa larga y, casi en un susurro, me dijo: "La verdad es que estoy muy cansado".

Al llegar a mi casa pensé que, quizá sin darnos cuenta, muchos estamos viviendo así. Corremos de un logro a otro con la sensación de que todavía no es suficiente. Alcanzamos una meta y, antes de disfrutarla, ya estamos preocupados por la siguiente. Como si la vida fuera un examen permanente en el que siempre hubiera que demostrar que somos valiosos.

Las redes sociales han intensificado esa sensación. Vemos personas que parecen triunfar en todo, y terminamos creyendo que nosotros también debemos exhibir una existencia impecable. Publicamos los mejores momentos, escondemos las derrotas y poco a poco comenzamos a confundir la imagen que proyectamos con la vida que realmente llevamos.

El problema no está en querer crecer. Es bueno estudiar, trabajar con pasión, emprender y celebrar los frutos del esfuerzo. El problema es cuando el éxito deja de ser una consecuencia del trabajo y se convierte en la medida de nuestra identidad. Entonces ya no descansamos. Vivimos pendientes del reconocimiento, del aplauso o de la aprobación de personas que, muchas veces, apenas nos conocen.

Las personas más serenas que conozco tienen algo en común. Disfrutan lo que hacen, pero no necesitan estar explicándole al mundo quiénes son. Han comprendido que el valor de una vida no depende del cargo que se ocupa, de la cantidad de seguidores ni del tamaño de la cuenta bancaria. Su tranquilidad nace de otro lugar.

Que quede claro la vida no necesita ser espectacular para ser hermosa. Basta con sentir que estamos cumpliendo nuestro propósito y que nos sentimos bien con nosotros mismos.

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