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Por qué a veces es mejor guardar silencio cuando un ser querido busca desahogarse

Escuchar es mucho más difícil que aconsejar. Aconsejar nos hace sentir útiles, incluso sabios. Escuchar exige callar, contener el impulso.

Alberto Linero Gómez.
Alberto Linero Gómez.
Blu Radio.

Hay personas que uno evita llamar cuando tiene un problema. No porque no lo quieran, sino porque sabe exactamente lo que va a pasar: antes de terminar de contar lo que ocurre, ya comenzaron a decirnos qué deberíamos hacer. No escuchan para comprender sino escuchan para aconsejar. Y, muchas veces, uno no necesita una solución inmediata, ni un consejo. Lo que necesita sentirse escuchado.

No se puede convertir toda conversación en una asesoría. Como si cada historia ajena nos diera el derecho a convertirnos en expertos. Si alguien cuenta que está triste, enseguida aparecen las recetas para dejar de estarlo. Si habla de un conflicto de pareja, llegan los diagnósticos. Si comparte una preocupación, no faltan quienes tienen la fórmula perfecta para resolverla. Nos cuesta aceptar que hay dolores que no necesitan una respuesta rápida, sino una presencia paciente. Hey, cálmala a veces sólo se requiere hacer silencio y escuchar empáticamente al otro.

Escuchar es mucho más difícil que aconsejar. Aconsejar nos hace sentir útiles, incluso sabios. Escuchar exige callar, contener el impulso de hablar de nosotros mismos y aceptar que quizá no tenemos la respuesta. Hay una forma de amor que consiste simplemente en permanecer al lado del otro mientras ordena sus pensamientos y encuentra, por sí mismo, el camino.

Creo que haríamos mucho bien si, antes de dar un consejo, hiciéramos una pregunta sencilla: "¿Quieres que te escuche o quieres que te dé mi opinión?" Esa sola pregunta puede cambiar una conversación, una amistad, un matrimonio o una familia. Porque no siempre necesitamos alguien que nos diga qué hacer. A veces basta con encontrar a alguien que nos permita hablar hasta que nosotros mismos descubramos la respuesta.

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