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¿Vamos a volvernos otra Venezuela?

Sin duda en la política colombiana, las cosas se mueven y cambian con increíble velocidad, dada la ocurrencia de cierto tipo de hechos, lo que hoy parece imposible puede ser en pocos meses una realidad.

282939_Blu Radio /Venezuela . Foto: Referencia AFP.
Blu Radio /Venezuela . Foto: Referencia AFP.

“Como vamos, vamos para otra Venezuela”: la posibilidad de que en Colombia se instale un gobierno de inspiración chavista se ha vuelto una suerte de pesadilla nacional. Y es comprensible: basta mirar al lado, y ver el desastre humano que se ha perpetrado en Venezuela, para temer que Colombia pueda correr el mismo destino. Este temor ha sido acentuado por el hecho de que en el país sí hay líderes políticos que son afines al chavismo: algunos hacen más explícita esa afinidad, y otros la conducen de manera más sutil. Vale la pena, entonces, examinar qué tan probable es que nuestro país recorra el mismo rumbo que ha recorrido Venezuela
 
Ese examen, sugiero, hay que dividirlo en dos partes, correspondientes cada una a una pregunta diferente. Primero hay que examinar qué tan probable es que un candidato afín al chavismo llegue a la presidencia. Y en segundo lugar, aún si eso ocurriera, cuán probable es que ese gobierno logre consolidar en Colombia un modelo de corte venezolano. 
 
Vamos a la primera pregunta. Por ahora, considero que las posibilidades de que un filochavista gane la presidencia de Colombia son bajas.
 
Pongo énfasis en el “por ahora”, pues en política, y sin duda en la política colombiana, las cosas se mueven y cambian con increíble velocidad: dada la ocurrencia de cierto tipo de hechos, lo que hoy parece imposible puede ser en pocos meses una realidad. En agosto de 2001 parecía imposible que un cierto ex gobernador de Antioquia, visto como un hombre de derecha radical y ajeno al discurso moderado que prevalecía, fuese a llegar a la presidencia: en mayo de 2002 lo estábamos viendo ganar en primera vuelta, gracias a que los acontecimientos (el cansancio y el miedo con las Farc) hicieron posible lo imposible. 
 
En circunstancias normales, parecería improbable que el electorado colombiano, culturalmente tan inclinado hacia la derecha, fuese a elegir para la presidencia a un chavista, más aún con nuestro sistema de doble vuelta. Ese es el escenario base. Pero sería irresponsable descartar una sorpresa, tal vez no en 2018 pero sí en 2022. ¿Cuáles serían las circunstancias que lo permitirían? Tendrían que ser dos: primero, que el Estado colombiano siga hundiéndose en la corrupción, y segundo, que no aparezca otra alternativa, más moderada, para canalizar la creciente indignación ciudadana. Cansados de un sistema cuyas virtudes se pierden tras la gran sombra de la corrupción, los colombianos podrían optar por una alternativa desesperada en 2022. Por eso creo que el “gobierno de transición” (para usar la expresión favorita de las Farc) no sería un gobierno de centro-izquierda, sino un gobierno en donde se exacerben la corrupción y la polítiquería, y se lleve al extremo el cansancio ciudadano. 
 
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Dicho lo anterior, ¿podría establecerse y consolidarse un modelo chavista en Colombia? Las probabilidades de esto son más bajas, casi nulas.
 
Puede hacerse el experimento pero lo más seguro es que este naufrague pronto. La razón es que en Colombia no hay aquello que en Venezuela ha permitido la persistencia del chavismo todos estos años: la riqueza del Estado. En Venezuela el Estado es rico, y lo es incluso con precios del petróleo moderados, y lo es incluso si el resto de la economía es un desastre; lo es porque no depende de la actividad económica civil: su riqueza emerge del hecho de ser propietario de un recurso del subsuelo (el petróleo) que posee en cantidades extraordinarias. El Estado colombiano, en contraste y gracias a la Divina Providencia, es pobre. Tan pobre, que no sobrevive sin apretarnos hasta el cuello con impuestos.
 
“Pero aquí también hay petróleo”, dirán algunos. Veamos cuánto hay: dice la Energy Information Agency que las reservas probadas de Colombia para 2017 son de 2.000 millones de barriles. Si eso le parece mucho, considere que las de Venezuela son de 300.000 millones de barriles. 
 
Para ponerlo en términos simples, el chavismo en Venezuela pudo subsistir, y pudo someter al país a sus experimentos absurdos y crueles, porque el Estado no necesita que el país esté bien para sobrevivir. Solo ahora, tras 18 años de locuras, están empezando a sentir alguna estrechez financiera. Pero Colombia no aguantaría ni una mínima fracción de eso: el Estado colombiano necesita de la actividad económica civil para poder sobrevivir, y ello, en medio de todo lo malo, mantiene un cierto equilibrio que hace inviables esas aventuras. 
 
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