El reciente escándalo ocurrido en la cárcel de Itagüí, en Antioquia, donde cabecillas criminales habrían organizado una fiesta con música en vivo, licor y presuntos sobornos a guardianes, ha desatado una nueva ola de indignación en el país. Sin embargo, más allá de la anécdota, expertos advierten que este episodio revela una crisis estructural mucho más profunda en el sistema carcelario colombiano.
El analista y docente universitario Luis Fernando Trejos aseguró que este tipo de hechos “pone sobre la mesa un debate largamente aplazado” sobre la corrupción y la ineficacia del sistema penitenciario. Según explicó, lo ocurrido en Itagüí no es un caso aislado, sino parte de un patrón repetido: “Seguramente no va a ser el único escándalo que gira en torno a las cárceles y algunos desmanes que ocurren al interior de las mismas”.
El episodio, que ha sido comparado con los excesos de Pablo Escobar en la cárcel La Catedral, revive cuestionamientos históricos sobre el control real del Estado en los centros de reclusión. Para Trejos, el problema central radica en una “corrupción estructural que hay dentro del Inpec”, la entidad encargada de la vigilancia penitenciaria.
El analista fue contundente al señalar que el sistema ha fracasado en su misión principal: “Lo que vemos es que las cárceles en Colombia no resocializan a los delincuentes”. Por el contrario, advierte que muchas veces se convierten en espacios donde las estructuras criminales se fortalecen y continúan operando. “La cárcel no contiene el delito, no limita las capacidades criminales”, afirmó.
Trejos también cuestionó la falta de voluntad política para abordar el problema de fondo. “No hemos ni siquiera empezado a dar el debate”, señaló, agregando que las discusiones suelen quedarse en la indignación mediática sin traducirse en reformas concretas. En ese sentido, planteó interrogantes de gran calado: “¿Liquidamos el Inpec? ¿Creamos otro organismo? ¿Qué vamos a hacer realmente con el sistema carcelario?”.
El experto subrayó además el impacto que esta situación tiene sobre las víctimas. “Cuando la cárcel funciona más como una especie de resort o de hotel, uno se hace la pregunta: ¿a quién están castigando?”, expresó. Incluso advirtió que estas condiciones pueden generar un efecto perverso: “El castigo no es un castigo, sino que al contrario pareciera que hay una especie de premiación por la comisión de hechos criminales”.
En medio del debate, también han surgido comparaciones con modelos de mano dura como el implementado por Nayib Bukele en El Salvador. No obstante, Trejos marcó distancia al señalar que existen diferencias institucionales clave: “En El Salvador hay un régimen autoritario… aquí tenemos un sistema de pesos y contrapesos que limita ese tipo de medidas”.
Finalmente, el analista insistió en la urgencia de abrir una discusión seria y sostenida sobre el tema. “Entre más nos demoremos en dar ese debate de fondo, más nos vamos a demorar en ver resultados”, concluyó.