La Secretaría de Educación de Bogotá, liderada por Julia Rubiano, anunció las directrices para el uso de dispositivos móviles en las instituciones educativas de la ciudad, tanto públicas como privadas. En lugar de una prohibición total, la administración distrital ha optado por un modelo de restricción pedagógica que busca integrar la tecnología de manera consciente en la vida escolar.
Diferencia entre restringir y prohibir
Para la secretaria Rubiano, la distinción es fundamental para el éxito de la medida. Según explicó, la prohibición radical suele ser ineficaz porque los estudiantes encuentran formas de evadirla, como esconder un segundo teléfono.
“La restricción le permite a usted tener unos usos puntuales, acompañados y con propósito. La prohibición, le diría a usted, no lo puede llevar o llega y lo guarda en una bolsita y se olvida por completo del teléfono o el dispositivo hasta que salga del colegio”.
La funcionaria enfatizó que el objetivo es pedagógico y no meramente policial. “Las prohibiciones absolutas, absolutas radicales, que no van acompañadas como de un sentido de lo pedagógico... también encuentran, digamos, el el escape final”.
Por ello, se busca que los manuales de convivencia definan claramente cuándo es permitido usar el dispositivo y cuándo no.
Un enfoque diferencial por edades
La normativa contempla que el uso de pantallas debe variar según la etapa de desarrollo del estudiante. Citando recomendaciones de la OMS, Rubiano señaló que en la primera infancia el contacto debería ser nulo.
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Sin embargo, el panorama cambia en la educación media. “Un joven que está en 11 y está en un programa técnico, bueno, va a tener acceso, por supuesto, ahí sí a más dispositivos porque puede estar aprendiendo algo de diseño... programación”.
Esta flexibilidad permite que los docentes integren herramientas digitales cuando tengan un fin educativo claro, como el uso de aplicaciones para aprender lenguas extranjeras. “Se trata de entender esos distintos momentos y propósitos en que se puede dar el uso de ese dispositivo”.
Descansos y alimentación
Uno de los puntos clave de la medida es que la restricción se extiende a los espacios de socialización. La secretaria subrayó la importancia de que los estudiantes recuperen el contacto físico y el juego durante los recreos.
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“Lo que nosotros estamos pensando es poder plantear medidas para todos los espacios... En el descanso lo que queremos es que haya también restricción... que los niños efectivamente jueguen, conversen con el compañero”. Esta decisión responde a preocupaciones sobre la salud mental y la ansiedad ligada a la validación en redes sociales.
Según datos de la Secretaría, un joven promedio en Bogotá pasa entre 6 y 9 horas al día frente al teléfono, lo que afecta incluso sus horas de sueño.
Escuche aquí la entrevista: