El propósito del trabajo adelantado por el Semillero de Investigación en Movilidad y Logística de la Universidad Nacional es medir comportamientos inadecuados como la evasión del pago, los empujones, el mal uso de los asientos prioritarios, las ventas ambulantes y situaciones más graves como el acoso sexual y las violencias basadas en género. Esto, con el fin de entender de mejor manera cómo afectan a los usuarios y su experiencia de viaje, para poder diseñar estrategias que permitan reducirlos antes de que el metro de Bogotá entre en operación.
“Esta es una contribución para los tomadores de decisión. Un insumo para fortalecer sus estrategias y mejorar la calidad de viaje en los sistemas de transporte. Desde la Universidad aportamos a identificar y medir, como se hace en otras partes del mundo, estos comportamientos de forma periódica para que haya planes que ayuden a reducirlos”, asegura el profesor José Stalin Rojas Amaya, director del Observatorio en Movilidad y Logística de la UNAL.
Durante el estudio, los usuarios consultados aseguraron haber presenciado, en promedio, 7,4 comportamientos inadecuados durante su último viaje en el Sistema Integrado de Transporte Público de Bogotá. Entre los más frecuentes aparecen las ventas ambulantes, los empujones, la evasión del pago y el mal uso de los asientos prioritarios.
Catalogaron más de 100 comportamientos
Los investigadores agruparon los comportamientos identificados en cuatro categorías:
- La primera, evasión y fraude, incluye el no pago del pasaje, conocido como “colarse”; la venta y compra de pasajes en sitios no autorizados y el uso indebido de tarjetas preferenciales.
- La segunda, vandalismo y seguridad, comprende daños deliberados a buses y estaciones, como grafitis o rotura de vidrios; el bloqueo de puertas; el uso no autorizado de salidas de emergencia y prácticas de alto riesgo como colgarse de los buses o realizar gravity bike.
- En convivencia y cultura ciudadana se agrupan las ventas informales en buses y estaciones, el consumo de alimentos, bebidas y tabaco, incluido el vapeo; escuchar música sin auriculares o hablar en voz alta, así como las agresiones verbales o físicas entre usuarios.
- La cuarta categoría corresponde al uso de la infraestructura e incluye no ceder los puestos prioritarios, ingresar al bus sin permitir primero la salida de otros pasajeros, permanecer en estado de embriaguez o bajo los efectos de sustancias psicoactivas y realizar actos obscenos.
También tuvieron en cuenta el caso de las personas en condición de calle, pues, según la investigación, los usuarios se quejan de ellas. Sin embargo, su sola presencia no es un comportamiento inadecuado, porque las personas en condición de calle son ciudadanos y tienen todo el derecho a ingresar a un sistema de transporte público. Como cualquier otro pasajero, pueden incurrir en conductas inadecuadas. De hecho, muchos usuarios sin esta condición también realizan actos similares que incomodan a los demás.
El estudio tuvo en cuenta documentos del Observatorio de Comportamientos Incívicos del Metro de París y de la Encuesta Anual de Modales de la Asociación de Ferrocarriles Privados de Japón, además de clasificaciones del Sistema Integrado de Transporte de Bogotá y del Metro de Medellín, para realizar una comparación. Sin embargo, los investigadores advierten que las estrategias de otros sistemas no pueden aplicarse automáticamente a Bogotá, debido a las diferencias culturales y a las características de la población.
La percepción de seguridad es diferente entre hombres y mujeres
La investigación también tuvo en cuenta la percepción de seguridad dentro de las estaciones, obteniendo una valoración promedio de 3,4 sobre 10. Sin embargo, las situaciones que generan inseguridad cambian entre hombres y mujeres.
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“Aunque el promedio para hombres fue más alto de percepción de inseguridad, ellos asocian la inseguridad a factores como el hurto, las riñas, las peleas o los conflictos. Pero las mujeres tenían una percepción que, aunque era en promedio menor, estaba ligada a razones como el acoso sexual, los empujones o los roces con otras personas”, explicó Johana Taborda, integrante del Semillero.
Taborda añade que entre los usuarios también existe temor a intervenir cuando otra persona enfrenta una situación de riesgo, ante la posibilidad de que termine en una riña o una agresión.
“Hay un indicador global justamente de acoso a las mujeres, donde Bogotá es una de las 10 ciudades en el mundo en donde, cuando ocurren situaciones de acoso, las mujeres no esperan que alguien les ayude. Lo mismo sucede en India”, aseguró.
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Finalmente, el estudio percibe que el Metro está realizando una estrategia en torno a la cultura ciudadana que es sólida y que está convirtiendo al Metro de Bogotá en un símbolo positivo para la ciudad.