Sobreviviente del antiguo Bronx revela la verdad de Pepe, el cocodrilo, ¿fue real?
Tras casi nueve años de que desmantelaran el Bronx, la mayor olla de vicio en Bogotá, la aterradora historia de Pepe, el cocodrilo, sigue generando interrogantes.
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Durante años, el antiguo Bronx de Bogotá fue sinónimo de horror. Sus calles, marcadas por la droga, la violencia y la muerte, escondían historias que parecían sacadas de una película de terror.
Sin embargo, hoy, sobrevivientes que lograron escapar de ese infierno han comenzado a hablar. Entre sus relatos, uno destaca por su crudeza y misterio: la historia de Pepe, el supuesto cocodrilo que, según testigos, fue utilizado como instrumento de terror y muerte.
Pedro Ruiz, de 38 años, vivió seis años consumido por el bazuco, el alcohol y el abandono en esas tres calles que funcionaban bajo reglas propias. Hoy, en proceso de rehabilitación, recuerda con claridad la rutina del horror. “Era normal ver niños de 9 o 10 años consumiendo pegante o bazuco. Nadie decía nada. Era parte del paisaje”, relató para 'Los Informantes'.
Pero el consumo era apenas la superficie de una estructura criminal mucho más profunda. Los llamados 'sayayines', encargados de mantener el control interno, imponían castigos brutales a quienes consideraban “sapos”, ladrones o infiltrados. Uno de los testimonios más estremecedores describe la ejecución de un hombre acusado de ser informante.
Sin embargo, ninguna historia genera tanto impacto como la de Pepe.
“Yo lo conocí pequeño. Era una lagartijita”, contó Pedro. Según su testimonio, el animal fue llevado al Bronx cuando aún era joven. Con el tiempo, creció hasta alcanzar más de dos metros. Entonces, sus dueños construyeron un estanque más grande, con espacio para que tomara el sol.
“Sí existió. Yo doy fe de eso. Y sí le echaban gente”, afirmó con contundencia.
El cocodrilo, aseguró, se convirtió en una herramienta de intimidación y castigo. Aunque algunos cuerpos eran sacados en bolsas o enterrados, otros, según estos relatos, terminaban en el estanque.
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A esta historia se suman los perros pitbull entrenados para atacar. Testigos aseguran que las víctimas eran encerradas en habitaciones con puertas de hierro, donde los animales las destrozaban vivas. “Ese era el castigo para el que robaba o no obedecía”, explica otro sobreviviente.
Los hallazgos recientes de restos humanos han comenzado a dar sustento a lo que durante años fueron considerados simples rumores. Fragmentos óseos encontrados en bloques de cemento son analizados por Medicina Legal, mientras la Fiscalía busca determinar cuántas personas murieron realmente allí.
Hoy, muchos de los sobrevivientes viven en centros de atención del Distrito. Reciben comida, atención psicológica y, por primera vez en años, una oportunidad de reconstruir sus vidas.
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Mientras avanzan las investigaciones, la figura de Pepe permanece envuelta entre el testimonio y la incredulidad. Para quienes sobrevivieron, no hay duda. El cocodrilo fue real. Y representa, quizá mejor que nada, el nivel de barbarie que reinó durante años en el corazón de Bogotá.