La oscura historia del chef del Bronx que cocinaba humanos: "Lo va a probar y se lo va a comer"
En Los Informantes, un hombre vivió tres años en lo más profundo del Bronx y confirmó algunas de las historias más crueles de ese "infierno".
Publicidad
Publicidad
Publicidad
Publicidad
Por años, lo que ocurría en el antiguo Bronx, en el centro de Bogotá, fue visto como una leyenda urbana. Muchas personas creían que eran historias usadas para asustar y evitar que ingresaran a ese lugar; y es que esos relatos de torturas, asesinatos y prácticas inimaginables eran rumores difíciles de comprobar. Sin embargo, luego de la intervención del 28 de mayo de 2016, varias de esas versiones dejaron de ser un mito para convertirse en realidad.
Entre los testimonios más desgarradores está el de Óscar Rosas, quien afirmó para Los Informantes que fue obligado a cocinar carne humana para los ‘Sayayines’.
Rosas pasó de ser un chef con proyección internacional a convertirse en habitante de calle. Su relato reconstruye un descenso marcado por el consumo de drogas desde los 13 años, su paso por restaurantes de prestigio en Estados Unidos, Brasil, Italia y Holanda, y un regreso a Colombia con la intención fallida de cambiar de vida.
“Era un problema para mi familia. Yo empecé a consumir a los 13 años”, recordó. Su madre le pidió que se fuera del país para cambiar, pero conoció la heroína y la espiral se profundizó.
Cuando regresó a Colombia, Óscar quiso empezar de nuevo, pero las cosas no salieron como esperaba. “Llegué a Bogotá porque quería comprar una finca en Tenjo, formar mi familia, dejar las drogas. Solo iba a fumar marihuana”, relató. La idea no duró mucho y terminó consumiendo en el barrio Santa Fe y luego en el Bronx.
Para sostener su consumo, empezó limpiando calles, luego vendiendo y pesando droga. Su talento en la cocina despertó interés entre los ‘Sayayines’. “Yo les cocinaba para la novia, cuando nació el hijo, en fiestas privadas”, explicó.
El relato dio un giro más crudo cuando habló del lugar donde estuvo encerrado tres años. Describe el momento en que entendió lo que preparaba: “Saco lo que está en la bolsa de cuero, la extiendo. Cojo el ajo, la cebolla, miro bien la carne y era un cuerpo humano completo, sin pies, sin cabeza, sin manos, sin huesos”. Aunque intentó negarse, recibió amenazas. “No solo lo va a cocinar, lo va a probar y se lo va a comer, o si no, nos lo comemos a usted”.
Publicidad
El operativo de 2016 contó con 2.500 uniformados, según reveló Julián Quintana, agente encubierto que alertó sobre desmembramientos para alimentar a habitantes de calle.
La intervención también dejó al descubierto túneles, casas clandestinas y redes de explotación sexual. Aunque el relato de Rosas generó dudas al inicio, los hallazgos confirmaron que allí operaban estructuras criminales con altos niveles de violencia.
Rosas logró salir luego de intentar quitarse la vida. “Me declararon loco, porque decía que yo comía gente. Decían que fue una mala traba”, contó. Hoy vive en Santander, junto a su esposa, y lidera una fundación para ayudar a personas con adicciones.