Tres mujeres que resultaron heridas y sobrevivieron a la tragedia minera en Iscuandé, Nariño, ocurrida tras el deslizamiento de un talud que sepultó una mina artesanal de oro a cielo abierto en la vereda Chambergo, relataron con profunda angustia los momentos que vivieron al quedar atrapadas entre centenares de toneladas de lodo y piedra.
Luz Eidy Obando recuerda que el lunes 19 de octubre viajaba junto con su esposo, Silvio Valencia, hacia la mina, ubicada a media hora aguas abajo del río Iscuandé. Llegó pasadas las 7:30 de la mañana, sin imaginar que ocurriría un hecho que cobró la vida de 17 personas.
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“Dios tuvo misericordia de mí. Gracias al Señor estoy viva porque el lodo me tapó más de medio cuerpo, pero el Señor me devolvió la vida. Iba a rebuscarme el pan para mis hijos. Solo recuerdo que eso fue muy rápido, muy rápido fue, porque yo llegué a la mina y al ratico se vino el derrumbe. Yo estaba con mi esposo, tenía hermanos, hermanas, cuñados, tenía casi toda la familia trabajando en esa mina, pero muchos de ellos se salvaron milagrosamente también”, contó.
La mujer explicó que llevaba más de 12 años trabajando en la mina y que nunca había ocurrido algo similar. Aseguró que su esposo, Silvio Valencia, fue el más afectado y pidió ayuda al Gobierno nacional, pues ya no podrán volver a trabajar en el lugar.
“Él sí está bastante delicado porque él recibió mucho el golpe, le afectó mucho y necesitamos ayuda, por favor”, pidió.
Otra de las mujeres afectadas es Esmeralda Estupiñán, de aproximadamente 40 años, oriunda del municipio de Iscuandé, quien manifestó que fue un milagro sobrevivir.
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“Yo recuerdo que nosotros bajamos y estamos allí, pues listos para trabajar. Entonces, cuando en eso se vino el derrumbe y nosotros alcanzamos a correr, pero por mucho que tratamos de correr, nos atrapó el derrumbe. Todos los días bajo a la mina porque ese es el sustento de uno, porque aquí es lo único que hay para trabajar por acá. Es la mina, entonces uno saca el tiempito y se va uno al trabajo, a la mina, a rebuscarse para la comidita”, contó.
El lunes, Esmeralda viajó junto a cuatro amigas, con quienes conversó durante el trayecto en lancha sobre sus proyectos. Sus hijos, mayores de edad, le habían pedido que no fuera a esa mina. Pese a ello, decidió ir y luego entendió el mensaje de Dios al recibir una nueva oportunidad.
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“Sí, es un gran milagro porque a mi lado estaban más o menos como treinta y pico, y todos los que estaban, o sea, unos alcanzaron a subir, los otros quedaron atrapados con el escombro. Yo quedé atrapada como unos 15 minutos hasta que la gente llegó y comenzaron a sacarme con las manos, con palas, y por eso estoy un poquito afectada y muy adolorida, pero hay que dar las gracias a Dios. Fueron minutos de miedo porque yo les decía a ellos que me sacaran, que me sacaran, que lo hicieran rápido, porque yo estaba muy atropellada, me sentía, me apretaron en medio de los escombros”, mencionó.
María Estupiñán, otra de las afectadas, recuerda que llegó pasadas las 7:00 de la mañana y que la gente ya estaba trabajando. Según relató, unos 20 minutos después ocurrió el accidente. No olvida los gritos de sus familiares, quienes intentaban saber si seguía con vida mientras estaba sepultada por toneladas de lodo y piedra.
“Fueron diez o 15 minutos que duré sepultada por toneladas de lodo y piedra. Mis hermanos y mi mamá me decían que me relajara, pero yo sentía mucho desespero. Yo ahí solo pensaba en mis hijos. Cuando escuché los primeros gritos de la gente, yo también corrí. Le dije a mi hermana, que estaba allá al lado mío, que corriera”, dijo.
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Las tres mujeres, junto con otras cuatro personas, están fuera de peligro y reciben atención médica en un hospital del municipio de Tumaco, Nariño.