Un informe sobre el sistema de salud en Colombia evidencia un deterioro en la experiencia de los usuarios entre 2019 y 2025, con impactos directos en el acceso a servicios y en el bolsillo de los hogares. Aunque más del 80% de la población sigue calificando como buena o muy buena la calidad de las EPS, esta percepción ha caído en todos los niveles de ingreso desde 2022, siendo más baja en el quintil más pobre, con 80,6% en 2025.
Las dificultades de acceso se reflejan principalmente en el aumento de las demoras para asignar citas médicas. En el quintil 1, este problema pasó de afectar al 47,7% de las personas en 2022 a 55,7%, y se ubicó en 51,6% en 2025. Esta situación ha tenido efectos concretos: el uso de las EPS disminuyó, ya que en ese mismo grupo poblacional la asistencia cayó de 55,7% en 2023 a 43,1% en 2025.
En paralelo, aumentan prácticas como la automedicación, que pasó de 8,9% en 2022 a 18,03% en 2025 en los hogares de menores ingresos. A esto se suma la falta de entrega de medicamentos, que creció de 24,9% a 60,3% en ese mismo periodo para el quintil más bajo, evidenciando mayores barreras en el acceso efectivo a tratamientos.
El incremento de las quejas también refleja estas dificultades: las PQRS aumentaron más del 78% entre 2022 y 2025.
Este contexto ha tenido un impacto directo en el gasto de bolsillo, es decir, el dinero que los hogares deben asumir directamente para atender su salud. Entre 2022 y 2025 este gasto aumentó 57,3%, con un crecimiento mayor en zonas rurales (61,7%) frente a las urbanas (26,4%). Además, el incremento fue de 55,6% en los hogares más pobres, donde este gasto representa una mayor proporción de sus ingresos.
El informe también señala que el impacto es más fuerte en quienes reportan peor estado de salud, con un aumento de 32,7% en el gasto de bolsillo entre quienes se consideran en condición “muy mala”.