La lipodistrofia, una enfermedad considerada huérfana en Colombia, continúa siendo subdiagnosticada a pesar de sus graves efectos en la salud. Especialistas advierten que miles de pacientes pueden pasar décadas sin recibir un diagnóstico adecuado, lo que retrasa el tratamiento y favorece la aparición de complicaciones metabólicas severas.
Esta condición altera la forma en que el cuerpo distribuye la grasa: puede desaparecer de zonas como el rostro, brazos o piernas, o acumularse en áreas atípicas como el abdomen o el cuello. Aunque no siempre es reconocida a tiempo, sus consecuencias son profundas, incluyendo diabetes de difícil control, niveles elevados de triglicéridos, hígado graso y afectaciones cardiovasculares y renales.
Uno de los principales desafíos es la baja detección. Según el endocrinólogo Carlos Builes, la enfermedad sigue siendo ampliamente desconocida dentro del sistema de salud. “El incremento progresivo observado no necesariamente indica un aumento real de la enfermedad, sino probablemente una mejor detección y reconocimiento clínico”, explicó el especialista, al referirse al crecimiento de los casos registrados en los últimos años.
De hecho, cifras entre 2015 y 2024 evidencian que la prevalencia reportada pasó de cerca de 35 casos por millón de habitantes a más de 400. Sin embargo, este aumento estaría relacionado con mejoras en los sistemas de registro y no necesariamente con un incremento real de pacientes.
El problema de fondo sigue siendo el diagnóstico tardío. Datos preliminares del primer registro nacional de lipodistrofias congénitas muestran que el tiempo para identificar la enfermedad puede variar desde los primeros años de vida hasta más de cinco décadas. En la mayoría de los casos, el retraso oscila entre 20 y 30 años, lo que implica que muchos pacientes reciben tratamiento solo para sus síntomas, sin conocer la causa real.
Esta situación se agrava por la similitud de la lipodistrofia con enfermedades más comunes como la diabetes tipo 2 o el síndrome metabólico. Además, la falta de rutas diagnósticas estandarizadas en Colombia dificulta que los profesionales de la salud identifiquen la enfermedad de manera oportuna.
El impacto de esta brecha es significativo. Sin diagnóstico, los pacientes pueden desarrollar complicaciones como pancreatitis recurrente, enfermedad hepática progresiva o alteraciones metabólicas severas. Incluso cuando la enfermedad es identificada, persisten barreras en el acceso a tratamientos especializados, seguimiento médico y adherencia terapéutica.
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En este contexto, el país avanza en iniciativas como la creación del Registro Colombiano de Lipodistrofias, liderado por expertos en endocrinología, que busca mejorar la identificación de los pacientes y comprender mejor su evolución.
No obstante, el reto también está en garantizar el acceso a la innovación. Yaneth Giha, directora ejecutiva de FIFARMA, advirtió que aún existen importantes barreras en la región: “Hoy el desafío no es solo desarrollar terapias innovadoras, sino asegurar que lleguen a tiempo a quienes las necesitan”.
En Colombia, el reconocimiento de las enfermedades huérfanas ha avanzado en los últimos años, pero la lipodistrofia sigue siendo un ejemplo de las brechas existentes en diagnóstico y tratamiento. Para los expertos, fortalecer la educación médica, mejorar los sistemas de registro y garantizar el acceso oportuno a terapias serán claves para evitar que esta enfermedad continúe pasando desapercibida.
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La detección temprana no solo puede cambiar el curso clínico de la enfermedad, sino también mejorar significativamente la calidad de vida de quienes hoy permanecen invisibles para el sistema de salud.