La historia de una de las frutas más populares del planeta no comenzó en un laboratorio botánico ni en una gran empresa agrícola.
Su protagonista fue Rudolf Gustav Hass, un cartero nacido en Milwaukee en 1892 que emigró a Pasadena, California, en 1923. Mientras caminaba largas jornadas repartiendo correspondencia por 25 centavos la hora, Hass vio un anuncio publicitario en una revista que ilustraba un árbol de aguacate cargado de billetes.
Atraído por la promesa de prosperidad, reunió sus ahorros y solicitó un préstamo a su hermana Ida para comprar un terreno de una hectárea y media en La Habra Heights en 1926.
Su meta inicial era cultivar la variedad "Fuerte", un aguacate de piel verde y lisa procedente de México que dominaba el mercado californiano de la época. Para ello, adquirió diversas semillas en el vivero RideOut de Whittier.
El árbol rebelde que se salvó del hacha
El plan de Hass consistía en realizar injertos de la variedad Fuerte sobre los patrones jóvenes. Sin embargo, uno de los árboles se negó a aceptar los injertos tras repetidos intentos. Frustrado y necesitado de rentabilidad, Rudolf estuvo a punto de talar el árbol para convertirlo en leña. Afortunadamente, el injertador profesional Calkins examinó la planta, notó su gran vigor y le aconsejó dejarla crecer para ver qué producía.
Al dar sus primeros frutos, el aspecto causó decepción: los aguacates tenían una piel gruesa, rugosa y oscura que se tornaba morada casi negra al madurar. En una época donde el consumidor prefería frutos verdes y lisos, este nuevo producto parecía mal presentado frente a los estándares comerciales existentes.
Publicidad
El secreto culinario y la patente histórica
Fueron los hijos de Rudolf quienes descubrieron el verdadero valor de la fruta al probar su pulpa cremosa y sabor intenso con notas de nuez. Además, el árbol demostró virtudes agronómicas excepcionales: crecía de forma erguida, producía cosechas abundantes y constantes, y su cáscara gruesa protegía la pulpa durante el transporte y almacenamiento.
Hass comenzó a comercializar la fruta entre sus compañeros del servicio postal y en tiendas de Pasadena, captando la atención de los cocineros de las familias acomodadas de South Orange Grove Avenue, quienes llegaron a pagar hasta un dólar por unidad.
En 1935, Rudolf obtuvo la patente vegetal número 139 de Estados Unidos, bautizando la variedad con su propio apellido.
Publicidad
Un éxito global sin una gran fortuna personal
Para multiplicar el cultivo, Hass se asoció con el viverista Harold Brokaw. No obstante, debido a que la variedad requería reproducción obligatoria por injertos y los agricultores clonaban los árboles tras comprar solo un ejemplar autorizado, Rudolf no pudo controlar las regalías. A lo largo de los 17 años de vigencia de la patente, solo recibió unos 5.000 dólares.
Hass continuó trabajando como cartero y falleció de un ataque cardíaco en 1952, a los 60 años, justo un mes después del vencimiento de su patente y antes de presenciar la conquista global de su fruta. Décadas más tarde, en los años 70, la variedad Hass desplazó definitivamente al aguacate Fuerte en los mercados mundiales.
En 2019, estudios genómicos revelaron que el árbol original era un híbrido natural (61% mexicano y 39% guatemalteco). Aunque la planta madre falleció en 2002, prácticamente todos los aguacates Hass que se consumen hoy en el mundo descienden directamente de aquella cadena de injertos iniciada en California.