Chef que trabajó en 'El Bronx' reveló lo que pagaban por platos de carne humana
Empezó como cocinero en varios restaurantes de Estados Unidos y terminó siendo especialista para capos de los 'sayayines' en el Bronx.
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Ya se cumplen 10 años de uno de los operativos más recordados en Colombia: el día que fue desmantelado ‘El Bronx’, la ‘olla’ más peligrosa y grande de todo el país que se encontraba cerca del centro de la capital. Calles en donde se vivieron todo tipo de horrores de crímenes que, hasta la fecha, siguen siendo materia de investigación.
A este punto de la ciudad llegaron todo tipo de personas, hasta la más “dañadas” hasta la más “sanas”, algunas que quedaron atrapadas en este sitio para siempre y, por mucho tiempo, pensaron que nunca sería posible salir. Así fue el caso de Óscar Rosas, conocido también como el ‘Chef del Diablo’, quien fue chef en grandes restaurantes de Estados Unidos y terminó cocinándole a los capos de los ‘sayayinas’, la banda principal de esta zona.
En diálogo con el podcast de Conducta Delictiva, el chef recordó el día que llegó a este barrio peligroso. Almorzó con 500 pesos, invitado por uno de “los duros” de la zona y, poco a poco, empezó a cocinarles y quedaron encantados con su trabajo para llevarlo a eventos en donde le pagan con droga.
“Yo me gano la confianza de ellos porque ‘El Mocho’ tenía una pandilla de ladrones. Eso eran unas pirañas y era el duro de esas pandillas. Él fue el que me promocionó en el Bronx con los ‘sayayines’, ya venía con nombre, no era simplemente que llegó y se quedó. Era parte de la jauría, me identificaban con ellos, me decían el gringo”, contó.
Todo empeoró cuando le pidieron una noche que debía cocinar “algo especial” que le entregaron en una bolsa negra. Él al comienzo no lo creyó, en especial porque lo estaban maltratando y vio que era una piel humana, les pregunto que si estaban locos y le dieron 10 puntazos: “Usted lo cocina, o nos lo comemos a usted”, fue la sentencia que le dieron para seguir con vida.
“Dije: ‘Yo cocino esta joda y me abro de aquí’. Cuando voy a empezar a cocinar, era una piel. El primer plato que hice fue una parrillada, pero cuando la terminé me dice: ‘Pruébela’. Me dieron ganas de vomitar y cuando lo iba a hacer, el sayayin me mordió la oreja y me dijo que, si lo hacía, me mataba. Me tocó comer, no tuve los huevos de dejarme matar, no fui capaz”, dijo.
Durante tres años los martes y jueves cocinaba los “platos de blindaje” que eran hechos con carne humana. Era “el cocinero del diablo” y decían que “lo había escogido Satanás”.
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“Venía mucho japones y tailandés. Valía un millón de pesos el plato de 250 gramos de carne. Además, estaba la otra parte: el tráfico de órganos. Supe que la libra de 250 gramos era de un millón de pesos y en una pocilga (…) Gente que odia a la mamá está muerte, a través de una persona roban el alma de la mamá para ponerla a sufrir a ella. Todos los platos eran solo carne, no llevaban ni papa ni habichuela ni nada, eran marinadas. Pero el objetivo de la carne no era el emplatado, sino el espíritu que lo protegía a usted. No respetaban la muerte”, señaló.