Todos tenemos sueños. Pueden ser cambiar de trabajo, emprender, aprender algo nuevo o alcanzar una meta que durante años puede parecer lejana. Sin embargo, imaginar aquello que queremos no necesariamente significa que estemos avanzando para conseguirlo.
Sobre esta diferencia habló en En Blu Jeans Alexandra Nizhelskaya, mentora en mentalidad y manifestación, quien aseguró que un sueño necesita estar acompañado de propósito y acciones para dejar de ser únicamente una idea.
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“Los sueños, si no están asociados a tu identidad, es simplemente como soñar dormido: lo viviste, lo sentiste y no te sirvió para nada. ¿Qué pasaría si nosotros pudiéramos asociar ese sueño con cómo yo me veo, cuál es mi propósito, ese propósito que está conectado con mi corazón, y desde ahí puedo tomar las acciones pertinentes para llegar allá?”, explicó.
¿Cuál es la diferencia entre un sueño y una fantasía?
Para Nizhelskaya, una de las principales diferencias está en la disposición de la persona para trabajar por aquello que desea. Soñar con convertirse en cantante, por ejemplo, no implica necesariamente contar desde el comienzo con todas las habilidades necesarias, pero sí supone estar dispuesto a desarrollar aquellas que hacen falta.
“Yo creo que la única diferencia entre un sueño y una fantasía es mi disposición para atravesarlo, mi disposición para entregarme hacia eso que quiero lograr. Una fantasía es: quiero cantar, pero no canto bien y nunca voy a tomar las clases para poder llegar a lo que quiero. Y un sueño es: quiero cantar, quiero ser cantante y no canto bien, pero estoy comprometida”, señaló.
La experta también recomendó no limitar una aspiración desde el comienzo únicamente porque parezca demasiado grande o difícil de alcanzar.
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“Déjate soñar primero y luego miramos cómo resolvemos, luego miramos cuáles son las acciones que tienes que tomar y en qué te tienes que convertir, pero no limites tu sueño”, sostuvo.
¿Cómo convertir un sueño en una meta alcanzable?
Nizhelskaya propone dividir ese gran objetivo en elementos más pequeños, primero tener una visión clara de aquello que se quiere conseguir y luego establecer metas que permitan avanzar en esa dirección.
“Me gusta ver los sueños como una imagen visual. Imagínate que la visión es esa montaña que tienes adelante y que está bien lejos, que es lo que quieres alcanzar. Luego vienen las pequeñas metas, que son esas pequeñas montañitas o ese camino que te va a llevar hacia esa visión, y luego tienes tus valores o tu identidad, que es la persona en la que tú te tienes que convertir”, explicó.
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Uno de sus principales consejos es construir el camino desde la meta final hacia el presente hasta encontrar la acción más pequeña que pueda realizarse inmediatamente. Para esto, la mentora puso como ejemplo su propia experiencia al querer escribir un libro pese a haber sido diagnosticada con dislexia.
“Hago el plan desde esa visión hacia atrás. ¿Cómo se ve el libro?, ¿qué es lo que tiene que pasar?, ¿tengo que tener una editorial? Luego, antes tengo que escribir el libro; antes de escribir un libro tengo que escribir un párrafo. Y así, poco a poco, hasta llegar al paso más pequeño que puedo dar hoy”, contó.
Según Nizhelskaya, muchos objetivos parecen imposibles porque las personas se concentran únicamente en el resultado final, en lugar de identificar qué pueden hacer hoy para acercarse a él.
Soñar con el futuro sin olvidarse del presente
Tener una gran meta tampoco significa vivir permanentemente pensando en el futuro. Para la experta, existe un equilibrio entre saber hacia dónde se quiere ir y mantener la atención en los retos actuales.
“Los sueños son una combinación entre tener claro hacia dónde vas y estar muy presente en donde estás. Si yo tengo un exceso de futuro, pero una falta de presente, 'se me cae la leche'. Si yo tengo solamente demasiado presente y no tengo nada de futuro, no sé para dónde voy”, afirmó.
Por eso, recomienda tener una visión general, pero concentrarse en resolver un paso y un obstáculo a la vez.
¿La falta de paciencia puede alejarnos de nuestros sueños?
Otro de los obstáculos abordados durante la conversación fue la búsqueda de resultados inmediatos. Nizhelskaya considera que la facilidad para obtener información, productos o servicios rápidamente ha hecho más difícil aceptar que algunos proyectos necesitan meses o incluso años para desarrollarse.
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“En esta sociedad es mucho más difícil poder trabajar la paciencia, la ciencia de la paz, poder estar en paz mientras yo tomo las acciones que me están llevando hacia ese objetivo”, explicó.
Para la mentora, no obtener el resultado esperado inmediatamente tampoco significa necesariamente que una meta sea imposible.
“Si no se ha cumplido es porque el trabajo no se ha terminado. La mayoría de personas, sobre todo en esta época, se rinde muy fácil. ‘No lo logré, eso quiere decir que no se puede’. No. Tienes que seguir en el proceso”, aseguró.
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¿Qué hacer cuando el miedo impide actuar?
El miedo al fracaso también puede hacer que una persona postergue durante años aquello que quiere hacer. Nizhelskaya aseguró que esperar a que desaparezca completamente ese temor puede terminar convirtiéndose en otra forma de no avanzar.
“Ese miedo nunca se va a ir. Miedo siempre vamos a tener, pero es tomar al miedo de la mano y avanzar con miedo. (...) Si yo puedo tomar la siguiente acción más pequeña y sencilla que está delante mío, y luego la siguiente, vamos a ver que ese miedo de fracasar realmente no es tan real”, sostuvo.
También descartó que exista una edad determinada para comenzar a perseguir una meta y recordó que una persona puede descubrir nuevos intereses o retomar proyectos que dejó pendientes años atrás. Su recomendación final es empezar por algo que pueda hacerse hoy, por pequeño que parezca.
“Primero, compromiso interno, decir: yo le digo que sí a mi sueño. Y luego, la primera acción más pequeña que tenga adelante que pueda tomar: llamar al profesor, escribirle a una amiga, ir al lugar. Cualquier cosa que tú sepas que puedes hacer hoy, no en dos días, no mañana, y tomar esa pequeña acción”, concluyó.
Escuche la entrevista completa aquí: