En su reflexión dominical para la fiesta de Pentecostés, monseñor Rafael de Brigard nos invita a redescubrir la presencia viva y transformadora del Espíritu Santo en nuestra vida.
A través de un recorrido por el libro de los Hechos de los Apóstoles y el Evangelio de San Juan, subraya cómo el Espíritu se manifiesta como “ruido del cielo” y “llamaradas que se posan sobre cada uno”, imágenes que evocan tanto el poder de Dios como su ternura.
El mensaje de Pentecostés no es solo un recuerdo litúrgico, sino una invitación concreta a vivir como “seres espirituales”, a encender el fuego del Evangelio en medio de un mundo adormecido por la rutina, el miedo y la indiferencia. “Qué bueno que la vida tenga el calor de Dios”, dice monseñor, y con ello llama a revitalizar nuestra fe y nuestro testimonio.
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