El rescate con vida de Moisés se convirtió en la prueba de que, incluso después de la devastación, aún puede haber esperanza bajo toneladas de concreto.
Cuando el equipo colombiano de búsqueda y rescate llegó a Venezuela, se encontró con una imagen difícil de olvidar: edificios convertidos en escombros, calles cubiertas de concreto y familias enteras observando, en silencio, lo que horas antes habían sido sus hogares.
Entre ese paisaje de destrucción trabajan día y noche los especialistas del USAR COL-1, acompañados por perros rescatistas entrenados para detectar señales de vida donde, para muchos, ya solo queda desolación. Entre ellos se encuentra el teniente de Infantería de Marina Iván David Arteaga González, responsable del cuidado y manejo de cuatro caninos desplegados en la emergencia.
La misión ha ido mucho más allá de remover escombros. Los rescatistas colombianos han participado en operaciones de búsqueda y localización, además de garantizar el funcionamiento de las comunicaciones, los equipos, los sistemas eléctricos y la iluminación para sostener las labores de emergencia en las zonas más afectadas.
“Ha sido algo muy duro, porque ver tantas estructuras colapsadas, ver tantos edificios en el piso y ver tantas personas que lo perdieron todo ha sido algo duro para nuestro equipo”, dijo Arteaga.
Pero el mayor desafío ha sido emocional. La magnitud de la tragedia, la incertidumbre y el dolor de quienes esperan noticias de sus familiares han acompañado cada jornada de trabajo entre las estructuras colapsadas.
En medio de ese panorama apareció una razón para seguir creyendo: el rescate con vida de Moisés. Su hallazgo se convirtió en un impulso para los equipos que continúan recorriendo las ruinas y en la confirmación de que cada hora de búsqueda puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte.
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Por eso, aunque el tiempo avanza y las probabilidades se reducen, los rescatistas colombianos se niegan a abandonar la esperanza. Entre el polvo, el concreto y el silencio que dejaron los terremotos, siguen convencidos de que todavía puede aparecer otro sobreviviente.
“Todavía hay esperanza. Con fe en Dios creemos que aún podemos encontrar un milagro bajo esas estructuras. Después de encontrar a Moisés entendimos que, mientras exista una posibilidad, por pequeña que sea, seguiremos buscando otro milagro entre los escombros”, sostuvo el teniente.