Las alarmas mundiales por la eventual guerra que pueda estallar en Ucrania no le cortaron el paso al barranquillero Gilmar Bolívar Martínez, un joven de 20 años que no temió regresar a ese país el pasado 2 de febrero para seguir jugando en la segunda división del fútbol ucraniano con el club Karpaty Halych que lo fichó hace un año.
"Fue como viajar en contra de la corriente porque todos me decían que qué iba a hacer acá, que tuviera cuidado, que mirara toda esta situación, pero aún así, ya estuve acá y estaba seguro de lo que quería", contó en diálogo con BLU Radio.
Aunque está tranquilo, Gilmar reconoce que sintió la tensión desde que pisó Ucrania. Toda clase de preguntas debió ‘gambetear’ esta vez para poder ingresar al país, después de unas vacaciones en su natal Barranquilla.
"Las cosas sí estuvieron más complicadas porque me estaban revisando todo el equipaje, mirando una y otra vez el pasaporte, preguntando si estaba enterado de lo que estaba pensando y dónde vivía, varias cosas que nunca me habían preguntado cuando llegaba", recordó.
Este joven futbolista, que creció en el barrio Rebolo, ahora vive en Leópolis, a cinco horas en tren desde la capital ucraniana y a unas siete horas de la frontera con Rusia. Aseguró que en las calles también se han reforzado los controles y eso lo mantiene en calma, enfocado en las canchas.
"Han tomado como medida que las personas salgan solo si lo necesitan de urgencia. También vemos policías en las noches, haciendo guardia y estando pendiente de toda la ciudad", afirmó.
"En el club nos dicen que estemos atentos, pero que tampoco nos dejemos influenciar por eso, porque afectaría lo deportivo", agregó.
Gilmar, volante mixto en la cancha, sabe que se juega su vida, pero está dispuesto a salir de Ucrania solo si la situación se complica. Por lo pronto entrena para arrancar el campeonato en marzo, siempre “un paso adelante con el balón y marcando la diferencia”.