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¡Del árbol a su boca! El ingenio aflora en medio de la ayuda humanitaria a Venezuela

Conozca la historia de Juan Carlos Villabona, un colombiano emprendedor que calma la sed de cientos de personas que están a la espera en la frontera.

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Foto: Blu Radio - Rebusque Tienditas / Mario Baos

En la frontera con Venezuela, en el puente Tienditas donde se esperan que lleguen dos camiones con las 60 toneladas de ayudas de los Estados Unidos para el vecino país, el calor supera los 30 grados centígrados.

Vea también: Por mar y aire, Puerto Rico consigue entregar ayuda humanitaria a Venezuela

Bajo un sol que hace picar la piel, decenas de curiosos, vecinos del sector y periodistas de medios nacionales e internacionales siguen el minuto a minuto de la llegada de estas ayudas sin parpadear y no perderse lo que pueda ocurrir en este lado de la frontera.
Sin embargo, un hombre vestido con una camisa de un equipo de fútbol español y una gorra azul desteñida, se pasea con una jarra transparente entre los seis carriles de la entrada al puente convirtiéndose en el ‘salvador’ de las gargantas que gritan de sed.

¡Lleve el jugo de naranja, del árbol a su boca, lleve el jugo de naranja!”, grita Juan Carlos Villabona, un bumangués que llegó hace tres años a Cúcuta con el sueño de montar un restaurante familiar.

“Como era la frontera, pensábamos que nos iba a ir muy bien con el negocio de las comidas, sin embargo, quebramos porque la situación del vecino país alcanzó a tocar a Colombia. De ahí para acá toca hacerle al rebusque”, cuenta Juan Carlos.

A sus 53 años, el hombre afirma que lo que más le gusta en la vida es negociar, además, que no le gustan mucho las empresas que tampoco le dan empleo por su edad.

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“Yo vi en las noticias que las ayudas iban a llegar por este puente y me dije, “ahí hay una oportunidad”, entonces cogí mi bicicleta, le monté una mesita, un exprimidor de naranjas, hielo y una jarra para hacer negocio”, dice.

Alternando su tiempo exprimiendo un bulto de 50 kilos, saca el jugo de las naranjas en una jarra a la cual le hecha hielo frío y comienza a vender a 1.000 pesos el vaso. Cuando queda vacía vuelve e inicia el proceso.

Compré ese bulto y me vine a echar suerte. Si no vendo pues me toca llevarlo para la casa de nuevo y darles jugo a mi esposa, mis dos hijos y tres nietos de mañana, tarde y noche has que se acabe afirma entre risas el vendedor.

Caminando entre camionetas, taxis, y carros particulares, don Juan Carlos vende sus jugos tratando de llenar, entre billete y billete, moneda y moneda, su bolsillo para completar lo del almuerzo diario, además de lo que le falta para completar el primer semestre de la universidad de su hijo.

“Él hace poco salió del colegio y me manifestó que le gustaría ser administrador de empresas. Trabajo para que pueda entrar a la universidad y no le toque tan duro como me está tocando en este momento”, cuenta.

Entre tanto, en el puente Tienditas, camionetas de alta gama, uniformados de la Policía en camiones y funcionarios de la Unidad de Gestión del Riesgo entran hacia la mitad de la estructura donde hay un Puesto de Mando Unificado.

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“Apenas lleguen esos camiones, yo sé que con ellos vendrán personas que van a ayudar a descargarlos con mucha sed y yo seré el que se las va a calmar”, concluye muy seguro el ‘empresario de las naranjas’.
 
 
 
 
 
 

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