La reducción del desempleo volvió a ser una de las principales noticias económicas del país. De acuerdo con el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), la tasa de desocupación se ubicó en 8,5 % durante el trimestre móvil marzo-mayo de 2026 y en 8,0 % durante mayo, la cifra más baja para ese mes desde 2001.
Sin embargo, detrás de ese resultado positivo hay una realidad que sigue preocupando: tener empleo no garantiza contar con derechos laborales ni con protección social.
Aunque la informalidad disminuyó frente al mismo periodo del año anterior, el 54.7 % de los ocupados continúa trabajando en condiciones informales. En otras palabras, uno de cada dos trabajadores en Colombia no tiene acceso pleno a prestaciones sociales, cotización a pensión, afiliación al sistema de riesgos laborales o estabilidad derivada de un empleo formal. En las 13 principales ciudades y áreas metropolitanas, la informalidad también sigue siendo elevada, con un 40.7 %. Esta realidad evidencia que la caída del desempleo no necesariamente se traduce en mejores condiciones laborales para millones de personas.
El Estado lidera la creación de empleo
El mayor aporte a la generación de nuevos puestos de trabajo durante mayo provino de la rama de administración pública, defensa, educación y atención de la salud humana, que sumó 405.000 ocupados frente al mismo mes del año anterior. Muy por detrás se ubicaron la industria manufacturera, con 218.000 nuevos empleos, y las actividades profesionales, científicas y administrativas, con 143.000.
El comportamiento evidencia que buena parte del crecimiento del empleo estuvo concentrado en actividades con una importante participación del sector público, mientras otros sectores de la economía tuvieron un menor protagonismo e incluso algunos, como transporte y almacenamiento, perdieron ocupados.
Las brechas siguen abiertas
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El informe también confirma que la recuperación del mercado laboral no beneficia por igual a todos los grupos poblacionales.
La tasa de desempleo para las mujeres fue de 9.9%, frente al 6.6% de los hombres. Además, 46.4 % de las mujeres en edad de trabajar permanece por fuera de la fuerza laboral, una proporción que prácticamente duplica la registrada entre los hombres (22.9 %). Estas diferencias reflejan que las barreras de acceso al empleo siguen teniendo un fuerte componente de género.
Los jóvenes también enfrentan mayores dificultades. Aunque aumentó su participación en el mercado laboral, la tasa de desempleo juvenil llegó al 15.3 %, casi el doble del promedio nacional. Las mayores tasas se registraron en Quibdó (35.8 %), Cartagena (23.1 %) y Sincelejo (22.2 %).
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La situación es aún más compleja para las personas con discapacidad. Su tasa global de participación fue de apenas 20.6 %, frente al 67.3 % registrado para la población sin discapacidad, una diferencia de 46.8%.
Las cifras muestran un mercado laboral que continúa recuperándose, pero también evidencian que la disminución del desempleo no basta para hablar de una mejora integral.
La persistencia de altos niveles de informalidad, la concentración de la generación de empleo en actividades vinculadas al Estado y las brechas que siguen afectando a mujeres, jóvenes y personas con discapacidad indican que el principal desafío ya no es solo crear más puestos de trabajo, sino generar empleos de calidad y ampliar las oportunidades para los grupos que continúan rezagados.