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Squatters, el documental sobre okupas dirigido por una colombiana, se reestrena en el país

Entre los galardones que ha recibido la pieza audiovisual se destaca el premio a mejor largometraje documental internacional en el Festival de Cine de Puerto Rico.

Squatters Okupas.
Squatters Okupas.
Suministrada.

El documental Squatters / Okupas, dirigido por la colombiana Catalina Santamaría, tendrá su estreno en el país el próximo 7 de mayo de 2026 a las 6:30 de la noche en el Centro Cultural Skandia de Bogotá.

Este será el regreso a Colombia de esta obra que recoge más de dos décadas de historia sobre comunidades que habitaron edificios abandonados en Nueva York. El largometraje ya había sido presentado virtualmente en 2021 en la Muestra Internacional Documental de Bogotá (MIDBO) y, posteriormente, participó en el Festival de Mujeres por la Paz en 2022.

También ha tenido recorrido internacional en ciudades como Chicago y en el The Art of Brooklyn Film Festival en Nueva York. Entre sus reconocimientos se encuentra el premio a mejor largometraje documental internacional en el Festival de Cine de Puerto Rico, además de una mención especial en el Havana Film Festival New York.

El origen del documental parte de una experiencia personal. Santamaría llegó a Nueva York en 1995 para continuar sus estudios de cine y, dos años después, conoció a Ricardo Peña, un colombiano que la introdujo en el mundo de los squatters, también conocidos como okupas.

Este fenómeno surgió con fuerza a finales de los años 80 en varias ciudades del mundo, cuando personas, muchas de ellas migrantes, ante la falta de vivienda, comenzaron a ocupar edificios abandonados para convertirlos en sus hogares.

Su primer acercamiento ocurrió en 1997, cuando visitó Umbrella House por invitación de Peña. Allí, encontró una realidad que la sorprendió. “Entrar era como estar en otro mundo, porque era un edificio a medio construir, el techo un poco caído, los corredores eran oscuros, pero ellos ya lo habían habitado y le habían puesto su alma propia (…) con muñecos, fotos, trazos viejos o discos con los que decoraban”, recordó la directora.

Ese “otro mundo” estaba compuesto por migrantes, artistas y personas sin vivienda que transformaron espacios en ruinas en lugares habitables. Más allá de la precariedad, no tenían servicios básicos, como agua o calefacción, lo que se construyó allí fue una forma de comunidad.

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“Era un ideal, era como una utopía (…) un deseo muy grande de tener sus propios hogares sin tener que rendirle cuentas a un dueño”, explicó Santamaría.

Esa construcción no sólo fue física, sino también simbólica, pues los edificios se llenaron de arte, música, fiestas y encuentros que transformaron la percepción del lugar.

“A pesar de las condiciones, se sentía alegría, luz y era un espacio muy vivo”, agregó. Con el tiempo, estas comunidades también incidieron en la transformación del barrio, que pasó de ser una zona abandonada a un entorno con mayor vida cultural y social.

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Por eso, a partir de archivos en 16 mm, grabaciones de audio y material aportado por los propios habitantes, en el documental se reconstruye la historia de dos edificios emblemáticos: Umbrella House y Puerta 10, ubicados en el Lower East Side de Manhattan.

Lo que comenzó como registros aislados durante su etapa de estudiante tomó un nuevo rumbo tras la muerte de Ricardo Peña en 2011, momento en el que Santamaría decidió convertir ese material en un cortometraje.

Este primer trabajo, centrado en algunos habitantes de Umbrella House, fue creciendo con la incorporación de nuevas voces y archivos.

“Cada vez que entrevistaba a alguien sentía que tenía que entrevistar a otra persona”, relató la directora, quien asumió gran parte del proceso de filmación, recopilación, edición y digitalización de materiales grabados en formatos antiguos.

Con el tiempo, el proyecto evolucionó hasta convertirse en un largometraje que incluye también historias de habitantes de Puerta 10, así como la mirada de una residente del barrio que aporta contexto sobre su transformación. Además del proceso de ocupación, la pieza audiovisual aborda las luchas por la legalización de estos espacios, que comenzaron hacia 2010.

Más allá del registro histórico, Squatters / Okupas propone una mirada distinta sobre un fenómeno frecuentemente estigmatizado.

“Han sido vistos como algo negativo, pero esto muestra que es gente que logró construir cosas importantes, capaces de crear, resistir y transformar sus entornos”, afirmó Santamaría.

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Estas comunidades no sólo transformaron los espacios que habitaron, sino que también impulsaron iniciativas culturales como exposiciones de artistas latinoamericanos e incluso el primer festival de cine colombiano en Nueva York.

“Ellos mismos lograron, en comunidad, cumplir sus sueños”, señaló.

El regreso del documental a Colombia tiene además un significado especial para su directora.

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“Me gusta que en Colombia vean, lo que han hecho otros colombianos en otras ciudades”, concluyó.

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