El sector lechero colombiano se prepara para enfrentar uno de los mayores desafíos climáticos del segundo semestre de 2026. El IDEAM confirmó la presencia del fenómeno de El Niño y estima una probabilidad superior al 95% de que continúe fortaleciéndose, con cerca de 63% de posibilidad de alcanzar una intensidad muy fuerte, lo que podría convertirlo en uno de los eventos más intensos registrados desde 1950.
Las regiones que históricamente presentan mayor vulnerabilidad son la zona Andina y el Caribe. Departamentos como Cundinamarca, Boyacá, Antioquia y Nariño, donde se concentran importantes cuencas lecheras, podrían enfrentar reducción de lluvias, aumento de temperaturas y estrés hídrico.
En el Caribe, territorios como Cesar, Córdoba, Sucre, Bolívar y La Guajira tienen un alto riesgo por la disminución de reservas de agua, afectando tanto el volumen como la calidad de la leche.
Daniela España, presidenta ejecutiva de la Asociación Nacional de Productores de Leche, Analac, explicó que el impacto para los ganaderos va más allá de la falta de lluvias, pues la producción depende directamente de la disponibilidad de agua para mantener las pasturas, principal fuente de alimento para las vacas. La ausencia de este recurso reduce la alimentación del ganado, afecta su condición corporal y termina disminuyendo la cantidad y calidad de leche producida.
La dirigente gremial advirtió que una vaca afectada por una sequía puede tardar meses e incluso hasta un año en recuperar su condición, generando consecuencias en los ciclos productivos siguientes.
Además, la menor disponibilidad de alimento puede reducir la fertilidad, aumentar riesgos como abortos y disminuir componentes esenciales de la leche como los sólidos y la proteína, factores que también influyen en los pagos que reciben los productores por calidad.
“Ya no nos estamos preguntando si llegará el fenómeno de El Niño, sino qué tan preparados estaremos para enfrentarlo, porque una sequía no solo afecta el agua, también afecta la productividad, la condición de los animales y la sostenibilidad económica de las familias que viven de la producción de leche”, afirmó Daniela España, presidenta de Analac.
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Sin embargo, el sector enfrenta una doble amenaza. Mientras algunas zonas se preparan para la falta de agua, otras ya registran inundaciones que también generan afectaciones.
El exceso de lluvias deteriora las pastos, dificulta el acceso a las fincas, afecta la logística, puede contaminar fuentes hídricas y aumenta el riesgo de enfermedades en los animales. Según Analac, tanto la escasez como el exceso de agua terminan golpeando la productividad ganadera.
Aunque todavía no existe una estimación del porcentaje de reducción que podría tener la producción de leche, el gremio asegura que el objetivo es evitar impactos sobre la disponibilidad de este alimento para los colombianos.
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Por esta razón, buscan fortalecer la articulación con productores, industria, academia y el próximo Gobierno para encontrar soluciones frente a los efectos climáticos.
Uno de los principales retos será el aumento de los costos de producción. Aunque el precio de la leche en Colombia está regulado mediante la Resolución 017 del Ministerio de Agricultura y no puede incrementarse libremente, los productores sí enfrentan mayores gastos por alimentación, fertilización, sistemas de riego y manejo del ganado.