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El increíble viaje de un Volkswagen y un Ford que navegaron por 4 meses el Atlántico flotando

Los protagonistas rellenaron parte de la carrocería con espuma de poliuretano para garantizar que flotaran.

Viaje de un Volkswagen y un Ford por el Atlántico
Viaje de un Volkswagen y un Ford por el Atlántico
Foto: representación del viaje con IA

Lo que para la mayoría sería un automóvil destinado a recorrer carreteras, para dos jóvenes italianos terminó convertido en el vehículo de una travesía por el océano Atlántico. Un Volkswagen Passat y un Ford Taunus, modificados para mantenerse a flote, protagonizaron en 1999 un viaje que se extendió durante 119 días hasta llegar al Caribe.

Según reconstruyó la BBC a partir de los testimonios de los protagonistas, la expedición estuvo a cargo de Marco Amoretti y Marco De Candia, quienes navegaron desde la isla de La Palma, en Canarias, hasta Martinica. Durante el recorrido incluso fueron vistos por un petrolero a unos 1.200 kilómetros de Barbados, donde sorprendieron a la tripulación al explicar que viajaban sobre dos carros.

¿Cómo nació la idea de navegar el Atlántico en carro?

Detrás de esa travesía había un proyecto que llevaba años esperando concretarse. La idea era de Giorgio Amoretti, padre de Marco, un aventurero italiano que buscaba demostrar que un automóvil podía adaptarse para navegar y, al mismo tiempo, utilizar esa hazaña para llamar la atención sobre las causas sociales que defendía.

Durante años trabajó en distintos prototipos y realizó pruebas parciales, pero nunca consiguió reunir el dinero suficiente para intentar el cruce del Atlántico. Cuando le diagnosticaron cáncer a finales de 1998 y supo que le quedaba poco tiempo de vida, sus hijos decidieron convertir ese viejo plan en realidad.

Para ello prepararon dos vehículos usados. Les instalaron quillas metálicas, mástiles y un teléfono satelital alimentado con energía solar. También rellenaron parte de la carrocería con espuma de poliuretano para garantizar que flotaran y cargaron provisiones de agua, alimentos y una tienda de campaña para descansar durante el recorrido.

"No estábamos del todo seguros de que las modificaciones cumplieran la normativa de circulación, así que las camuflamos lo mejor que pudimos", puntualizó Marco Amoretti en declaraciones recogidas por la BBC.

¿Cómo fue el viaje?

El viaje comenzó el 4 de mayo de 1999. Inicialmente participaron cuatro personas, pero once días después Fabio y Mauro Amoretti abandonaron la expedición tras quedar prácticamente inmóviles por las corrientes marinas y ser evacuados en helicóptero. Desde entonces, Marco Amoretti y Marco De Candia continuaron solos, cada uno sobre su automóvil.

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"Al llegar al segundo mes, el mar ya no nos parecía un adversario contra el que tuviéramos que luchar. Entramos en otra dimensión y nos convertimos en parte de un mundo hecho de agua. Estábamos totalmente inmersos en ese mundo azul", relató De Candia.

Con el paso de las semanas, la rutina consistía en reparar constantemente los vehículos, pescar para complementar la alimentación y aprovechar el viento para seguir avanzando. También enfrentaron varios riesgos, entre ellos la presencia de tiburones y los daños sufridos por el teléfono satelital, que dejó de funcionar durante semanas y llevó a que sus familiares pensaran que habían desaparecido en el mar.

Mientras los dos jóvenes seguían navegando sin conocer lo ocurrido en tierra, Giorgio Amoretti falleció. Su familia decidió no comunicarles la noticia de inmediato para evitar que abandonaran la expedición. Solo cuando el viaje estaba cerca de terminar supieron que el impulsor del proyecto ya había muerto.

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La llegada tampoco fue sencilla. El recorrido, previsto inicialmente para unos 40 días, terminó prolongándose hasta finales de agosto, cuando ya comenzaba la temporada de tormentas tropicales en el Caribe. Pese al fuerte viento y la lluvia, los dos automóviles resistieron y lograron mantenerse a flote.

Finalmente, el 31 de agosto de 1999, Marco Amoretti y Marco De Candia desembarcaron en Tartane, en la isla de Martinica, donde fueron recibidos por periodistas, habitantes y familiares que habían seguido durante meses una de las expediciones más inusuales de finales del siglo XX.

Tras regresar a Italia dejaron ambos vehículos en Martinica con la intención de continuar algún día el viaje hasta Nueva York, un plan que nunca llegó a realizarse.

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