Hablar de un carro eléctrico para salir de viaje suele implicar la misma preocupación: encontrar dónde cargarlo antes de quedarse sin batería. Sin embargo, con la llegada de más autos, la autonomía también ha ido aumentando.
Para comprobarlo, realizamos una prueba sencilla, en una ruta muy realizada por miles y miles de conductores: viajar desde Bogotá hasta Carmen de Apicalá y regresar sin conectar el vehículo a ningún cargador durante todo el recorrido.
La protagonista fue una Kia EV5, una SUV eléctrica que anuncia hasta 555 kilómetros de autonomía. La prueba comenzó con la batería al 92%, equivalente a unos 511 kilómetros disponibles, según el computador del vehículo. Al regresar a Bogotá, después de recorrer unos 270 kilómetros, todavía quedaban 240 kilómetros de autonomía, lo que significa que el viaje consumió cerca del 48 % de la batería.
Lo primero que sorprende no es la autonomía
Antes de iniciar el recorrido, la expectativa estaba puesta en la batería. Sin embargo, los primeros kilómetros hicieron evidente que el cambio más grande frente a un carro de combustión está en la forma de conducir.
La EV5 entrega la potencia de manera progresiva y silenciosa, algo que se aprecia especialmente al incorporarse a la vía o adelantar otros vehículos. No busca transmitir sensaciones deportivas, sino ofrecer una marcha relajada, un comportamiento en el que se prioriza el confort y la estabilidad antes que las aceleraciones explosivas.
Durante buena parte del recorrido por carretera también llamó la atención el aislamiento del habitáculo. Incluso a velocidades de autopista, el ruido aerodinámico y el proveniente del pavimento se mantienen contenidos, punto fuerte del modelo.
El descenso desde Bogotá ayuda y el regreso pone a prueba la batería
La ruta hacia Carmen de Apicalá tiene una ventaja para cualquier vehículo eléctrico: gran parte del trayecto inicial es en descenso.
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En ese escenario entra en juego uno de los sistemas más interesantes de este tipo de carros: el frenado regenerativo. En lugar de desperdiciar la energía al reducir la velocidad, el vehículo la aprovecha para recargar parcialmente la batería.
Kia permite modificar la intensidad de esa regeneración mediante las levas ubicadas detrás del volante, una función que hizo que, durante varios tramos del descenso, la autonomía disminuyera más lentamente de lo esperado.
Naturalmente, el comportamiento cambió durante el regreso a Bogotá. La pendiente ascendente obliga al motor eléctrico a trabajar con mayor intensidad y el consumo aumenta, aunque sin generar la llamada "ansiedad por la autonomía".
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Los números de la prueba
Los datos obtenidos durante el recorrido fueron los siguientes:
- Autonomía homologada: 555 kilómetros.
- Nivel de batería al salir: 92 %.
- Autonomía disponible al iniciar: 511 kilómetros.
- Distancia recorrida: cerca de 270 kilómetros.
- Autonomía restante al regresar: 240 kilómetros.
- Consumo aproximado de batería: 48 %.
En la práctica, el computador del vehículo descontó 271 kilómetros de autonomía para un recorrido real cercano a 270 kilómetros, una diferencia prácticamente inexistente.
Entonces, ¿sí alcanza para viajar?
La experiencia no pretende afirmar que cualquier viaje por Colombia pueda hacerse sin planear una recarga. En recorridos considerablemente más largos sigue siendo importante revisar la infraestructura disponible, especialmente fuera de los principales corredores viales.
Lo que sí demuestra es que trayectos como el de Bogotá y Carmen de Apicalá (u otros cercanos como Melgar, Girardot e incluso Ibagué) dejaron de representar un reto para vehículos eléctricos de nueva generación.
En este caso no fue necesario modificar la ruta, reducir la velocidad para ahorrar energía ni buscar un cargador a mitad del camino. La EV5 completó la ida y el regreso conservando todavía alrededor del 44 % de la batería, suficiente para continuar utilizándola en ciudad.