El panorama automotriz en Colombia atraviesa un fenómeno de contrastes. Mientras el mercado general busca estabilidad, el segmento de vehículos de lujo y alto desempeño acelera con fuerza. Según cifras de Andemos, durante el primer semestre de 2025 se comercializaron 3.780 unidades de alta gama, lo que representa un sólido incremento del 16,6% en comparación con el mismo periodo del año anterior. Sin embargo, este crecimiento del doble dígito ha dejado al descubierto una carencia crítica: la falta de profesionales capacitados para atender estas sofisticadas máquinas.
En este escenario, la compañía LM3 Performance, ubicada en Zipaquirá, se ha erigido no solo como un centro de mantenimiento especializado, sino como una academia estratégica para el sector. Fundada hace más de una década por Jhon Alexander Vargas Vargas y el piloto Santiago Lozano Mesa, la firma ha logrado fusionar el rigor del automovilismo deportivo con la gestión empresarial, registrando un crecimiento cercano al 60% en el último año.
La brecha técnica en el mercado premium
A pesar de que cada vez circulan más vehículos de marcas exclusivas como Ferrari o McLaren por las vías nacionales, el número de talleres que cumplen con los estándares de ética y precisión necesarios es limitado. Para Jhon Alexander Vargas, socio fundador de la empresa, el problema radica en la especificidad del conocimiento requerido.
“Este es un mercado muy especializado y hay muy poca gente realmente preparada. No es solo saber mecánica, es entender el vehículo, la tecnología, los materiales y la responsabilidad que implica trabajar con carros de alto valor”, afirma Vargas. Actualmente, LM3 Performance atiende un promedio mensual de entre 60 y 70 vehículos, recibiendo clientes de ciudades como Bogotá, Medellín, Cali, Barranquilla, Cúcuta y Tunja. Esta demanda nacional subraya la necesidad de descentralizar y profesionalizar el servicio técnico en el país.
Formación: El motor del cambio
Ante la escasez de mano de obra calificada, la empresa ha decidido asumir un rol pedagógico. No se limitan a reparar motores; están formando a la próxima generación de técnicos. Al generar 10 empleos directos y 20 indirectos, la compañía abre sus puertas a jóvenes entusiastas que buscan aprender bajo estándares de lujo.
“La demanda existe y sigue creciendo, pero no hay suficientes personas formadas para trabajar en este nivel. Por eso nuestro interés no es solo crecer como empresa, sino enseñar y compartir el conocimiento”, explica Vargas.Esta visión educativa se extiende también a los propietarios de los vehículos. Santiago Lozano, piloto con trayectoria internacional y cofundador, enfatiza que la potencia requiere responsabilidad.
“A partir de los 300 caballos de fuerza ya es necesario saber manejarlos”, asegura Lozano.Bajo esta premisa, la empresa promueve la conducción responsable y el entendimiento de los límites técnicos para reducir riesgos en las vías públicas.
La apuesta final de la compañía trasciende los fierros y la potencia. Según sus fundadores, la clave para profesionalizar el mercado radica en la transparencia y la experiencia del cliente. “El cliente debe sentirse cómodo, informado y seguro. Siempre hablamos con la verdad y buscamos la mejor solución posible según su realidad”, concluye Vargas.