La emergencia provocada por los dos terremotos de magnitud 7.2 y 7.5 que sacudieron recientemente a Venezuela ha dejado una huella devastadora, afectando de manera desproporcionada a la población infantil. Roberto Benes, director de UNICEF para América Latina, quien encabeza las labores de asistencia en La Guaira, advirtió que cerca de 680.000 niños requieren ayuda humanitaria urgente. La cifra, alarmante, subraya la vulnerabilidad de un sector que representa el 28% de la población nacional y que hoy enfrenta la pérdida de sus hogares, el trauma del desastre y el riesgo de quedar desamparados.
Desde el terreno, Benes explicó que la intervención de UNICEF se articula en tres ejes críticos para mitigar el impacto inmediato. "Primero, ofrecer suministros médicos de emergencia; segundo, acceso a agua potable; tercero, espacio seguro donde los niños puedan juntarse acompañados por profesionales, psicólogos y trabajadores sociales para que puedan recuperar un espacio de normalidad", señaló el directivo.
El acceso al agua potable ha emergido como uno de los desafíos más complejos, dado que los terremotos destruyeron gran parte de la infraestructura de saneamiento. Ante este escenario, la organización ha movilizado 48 toneladas de suministros, incluyendo purificadores y tanques de almacenamiento, para abastecer a los campamentos transitorios donde se refugian las familias que perdieron sus viviendas.
Prevención ante el riesgo de trata y explotación
Uno de los mayores temores tras una catástrofe de tal magnitud es el desamparo de los menores, lo cual los expone a riesgos de trata de personas y explotación, tal como ocurrió en el terremoto de Haití en 2010. Al respecto, Benes enfatizó que UNICEF trabaja en estrecha coordinación con las autoridades venezolanas. "Fundamental es prevenir cualquier acto criminal que pueda tomar ventaja de una situación en lo inmediato de gran complejidad. Tenemos este servicio, por lo menos hasta 15 de estos centros amigables que vamos a establecer por los servicios de protección del Estado venezolano", indicó.
Hasta el momento, no se han recibido reportes sobre redes delictivas operando en las zonas afectadas, aunque el despliegue de protocolos de protección infantil busca blindar a los niños contra cualquier vulneración de sus derechos en medio del caos.
Aunque los equipos de rescate mantienen la esperanza de hallar sobrevivientes, el enfoque de las agencias humanitarias comienza a desplazarse hacia la fase de rehabilitación. El director regional destacó que, si bien la fase de auxilio es prioritaria, "hay un proceso de reconstrucción, de rehabilitación y de recuperación que va a ser largo". Con una meta de atención fijada en 234.000 niños, UNICEF continúa coordinando acciones para garantizar que los menores tengan suministros médicos, salud y un entorno protector.