Una infección extremadamente poco frecuente terminó con la vida de una niña de ocho años después de que una ameba presente en aguas dulces cálidas llegara hasta su cerebro.
El microorganismo, conocido popularmente como la “ameba comecerebros”, puede provocar una enfermedad de rápida evolución y con consecuencias graves.
El caso corresponde a Lillian Smart, una niña de ocho años de Ruston, Luisiana, Estados Unidos, quien falleció el sábado en un hospital, apenas un día después de haber cumplido años. De acuerdo con sus familiares, la menor había estado en el lago Claiborne, ubicado a unos 48 kilómetros de la ciudad donde residía. Las autoridades sanitarias habían confirmado días antes un caso de Naegleria fowleri en un habitante de la zona, aunque inicialmente no dieron a conocer su identidad.
Los primeros indicios de que algo no estaba bien aparecieron a mediados de agosto. Lillian comenzó a presentar fiebre y visión doble, síntomas que llevaron a su traslado a un centro médico. Su condición empeoró mientras permanecía hospitalizada y la infección terminó ocasionándole una fuerte inflamación cerebral.
La familia comunicó posteriormente la muerte de la menor a través de redes sociales y señaló que el daño neurológico había alcanzado un nivel que su organismo ya no pudo superar. También agradeció a los profesionales de la salud que participaron en el tratamiento y que intentaron mantenerla con vida.
El recorrido de la infección
A diferencia de muchas infecciones relacionadas con el agua, en este caso el peligro no está en beberla. Naegleria fowleri puede ingresar al cuerpo cuando agua contaminada entra por la nariz, desde donde el microorganismo puede llegar al cerebro.
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Una vez allí, puede causar meningoencefalitis amebiana primaria, una enfermedad poco habitual que afecta el sistema nervioso central y que puede avanzar en cuestión de días.
La ameba microscópica se desarrolla principalmente en ambientes de agua dulce y con temperaturas elevadas. Por esa razón, lagos, ríos y estanques cálidos pueden convertirse en lugares donde existe la posibilidad de exposición.
Los síntomas iniciales pueden parecerse a los de otras enfermedades: fiebre, dolor de cabeza, náuseas y vómitos. Sin embargo, conforme la infección progresa pueden aparecer rigidez en el cuello, confusión, problemas de equilibrio, alucinaciones y otros trastornos neurológicos.
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Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC) señalan que la infección es muy rara. Entre 1937 y 2025 se registraron 180 casos confirmados en el país, incluidos tres en Luisiana. Además, no se transmite entre personas y tampoco se adquiere por simplemente tragar agua contaminada.