Una investigación de la organización Amazon Underworld puso al descubierto cómo el foco de la criminalidad en la frontera entre Colombia y Venezuela está migrando del oro hacia minerales estratégicos esenciales para la tecnología global.
Janeth Valdivieso, investigadora y coordinadora editorial del proyecto, advirtió en Mañanas Blu con Camila Zuluaga que materiales como el coltán, el estaño y el niobio están en el centro de una disputa geoestratégica controlada por grupos armados ilegales.
Según Valdivieso, aunque la minería ilegal de oro sigue siendo común, en los últimos años se ha hecho evidente un interés por otros yacimientos en la frontera, específicamente en zonas como Guainía y Vichada.
"Ahora hay justamente un interés de los minerales estratégicos como el coltán, el estaño, el niobio y varios tipos de minerales que se encuentran en los yacimientos en la frontera", indicó Valdivieso.
La investigadora denunció que existe “todo un modus operandi de cómo se extraen a costa de también el medio ambiente, pero también de las comunidades locales de territorios indígenas donde hay muchas violaciones a los derechos humanos”.
El control del ELN y el monopolio de China
La investigación documenta que el Ejército de Liberación Nacional (ELN) juega un papel fundamental en el control territorial de estas minas en los estados venezolanos de Bolívar y Amazonas. Valdivieso relató testimonios de mineros indígenas que describen una logística sorprendente:
“Hablan de que helicópteros llegan a estas zonas mineras y que se llevan material para ser refinado. El monopolio lo tiene China. El 91% de los minerales críticos se procesa en China”, explicó la investigadora.
Este control territorial por parte de grupos armados como el ELN y la Segunda Marquetalia complica cualquier intento de inversión extranjera legal, ya que “el control aún lo tienen grupos armados ilegales y estarían financiando de algún modo” la violencia con estos recursos.
El "lavado" de minerales en el mercado global
Uno de los hallazgos más críticos de Valdivieso es la falta de trazabilidad en la cadena de suministro, lo que permite que minerales extraídos bajo condiciones de guerra lleguen a los consumidores finales.
“Toda esa economía ilegal termina como lavándose para salir al exterior y poder venderse y poder refinarse y poder usarse”, explicó la investigadora, subrayando que estos materiales salen de zonas donde imperan los grupos armados.
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