Casi una semana después del terremoto, la emergencia en el Chocó está lejos de terminar. Mientras la atención nacional se concentra en las zonas más visibles de la tragedia, decenas de comunidades ubicadas en territorios de difícil acceso continúan esperando ayuda.
Allí, el médico general Cristian Maturana, voluntario del Movimiento Ambientalista Colombiano, se ha convertido en uno de los rostros de una misión que busca llevar atención e insumos médicos a quienes más los necesitan.
Maturana explicó en Sala de Prensa que el objetivo inmediato es llegar al municipio de Alto Baudó, una zona donde predominan comunidades indígenas, población afro y numerosas veredas a las que solo se puede acceder por vía fluvial. “En esta fase buscamos caracterizar aquellos municipios y corregimientos de difícil acceso”, señaló el médico durante la entrevista.
El desafío no es menor. Las dificultades de comunicación, provocadas por la falta de señal telefónica, impiden conocer con precisión las necesidades de algunas comunidades. A esto se suma el deterioro de varios centros de salud después del sismo y la escasez de medicamentos y equipos básicos.
¿Qué es lo que más necesita el Chocó?
“Estamos priorizando medicamentos, insumos médicos, elementos médicos como monitores de toma de signos vitales”, explicó Maturana. También advirtió que la emergencia no solo afecta a los pacientes: el personal sanitario ha tenido que continuar trabajando pese a que muchos de sus propios hogares resultaron afectados.
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Según el reporte mencionado durante la entrevista, 29 municipios del Chocó resultaron afectados y cerca de 12.252 familias quedaron damnificadas. En lugares como Alto Baudó, las distancias convierten cualquier emergencia médica en una carrera contra el tiempo. De acuerdo con Maturana, el traslado de un paciente hasta Quibdó puede tardar entre seis y ocho horas en lancha.
La precariedad de la infraestructura sanitaria es uno de los problemas que el terremoto hizo aún más evidentes. El médico recordó que en algunos centros de atención no existen equipos tan básicos como un electrocardiógrafo, necesario para orientar el diagnóstico de un posible infarto, ni elementos de sutura.
Son muchos factores que juegan en contra de esos territorios que también estaban muy olvidados
A la dificultad geográfica se suman las condiciones climáticas. Las fuertes lluvias provocan crecientes y desbordamientos de los ríos, mientras que el aumento de zancudos genera nuevos riesgos para la población. Maturana también llamó la atención sobre las consecuencias emocionales de la tragedia, tanto entre los habitantes como entre los trabajadores de la salud.
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“Lo que más necesita mi comunidad Chocó es una infraestructura en cuanto a los servicios de salud”, sostuvo. Recordó que durante el terremoto el personal tuvo que reorganizar rápidamente la atención hospitalaria, incluso mientras continuaban llegando pacientes con enfermedades que nada tenían que ver con el desastre.
El punto más crítico de la emergencia ha cedido un poco. Sin embargo, las limitaciones van a permanecer quién sabe por cuánto tiempo
Por eso, su llamado no se limita a los primeros días de la tragedia. El movimiento al que pertenece continúa recolectando monitores, camillas, sillas de ruedas, analgésicos y antibióticos, entre otros elementos. Para Maturana, la solidaridad debe mantenerse durante las próximas semanas, cuando comiencen las etapas de reconstrucción y recuperación.
No quisiéramos abandonar a estas personas que hoy nos necesitan
El terremoto, además de dejar daños materiales, volvió a poner en evidencia las enormes desigualdades territoriales del país. En el Chocó, una emergencia puede significar recorrer durante horas un río para acceder a un hospital y, en algunos casos, hacerlo sin contar siquiera con los equipos médicos básicos.
La labor de Cristian Maturana y de otros voluntarios demuestra que la respuesta a una tragedia también puede surgir desde la solidaridad ciudadana. Pero su testimonio deja una conclusión más profunda: el Chocó necesita ayuda para enfrentar la emergencia, pero también una respuesta permanente que permita transformar las condiciones de acceso a la salud y cerrar las brechas que durante años han afectado a sus comunidades.