Este 1 de noviembre se cumplen 28 años de la toma de Mitú, capital del Vaupés, un ataque de las Farc que se extendió durante tres días y dejó 41 personas muertas, entre policías, militares y civiles. La incursión comenzó hacia las 5:30 de la mañana del domingo 1 de noviembre de 1998, cuando cientos de integrantes del Bloque Oriental de esa guerrilla ingresaron al casco urbano y atacaron la estación de Policía.
Según los registros del Ejército Nacional, los primeros enfrentamientos estuvieron acompañados de disparos, ráfagas de ametralladora y explosiones de cilindros bomba. Las Farc ocuparon la pista de aterrizaje para impedir la llegada de refuerzos y atacaron las instalaciones policiales. Sin embargo, varios de los cilindros lanzados no alcanzaron su objetivo y cayeron sobre lugares como el colegio, el hospital y otros bienes protegidos por el Derecho Internacional Humanitario. Los combates se concentraron principalmente en el barrio La Floresta y dejaron incomunicado al municipio, según el Observatorio de la Unidad para las Víctimas.
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En medio del ataque, 24 bachilleres auxiliares de Policía fueron secuestrados. La mayoría fue sacada de sus viviendas durante las primeras horas de la incursión. La llegada de refuerzos también se vio obstaculizada debido a que las aeronaves de la Fuerza Aérea no pudieron aterrizar por los disparos que se registraban en la pista, mientras que las tropas que intentaron ingresar por carretera fueron emboscadas y tuvieron que desembarcar en un punto más alejado, en el kilómetro 22.
La toma se prolongó hasta el martes 3 de noviembre. Para entonces, Mitú tenía edificios públicos destruidos, viviendas y establecimientos afectados y una población que intentaba dimensionar lo ocurrido. Según el Ejército, en un recorrido realizado ese día por el alcalde y el inspector de Policía, encontraron las instalaciones de la Caja Agraria arrasadas y los cuerpos de uniformados que todavía permanecían en la estación. También fueron hallados muertos un diputado de la Asamblea Departamental y sus dos hermanos.
La respuesta de la Fuerza Pública se desarrolló a través de la Operación Vuelo de Ángel, en la que participaron tropas del Batallón de Contraguerrillas No. 52 y de la Brigada Móvil No. 3. Al terminar los enfrentamientos, el balance fue de 16 policías, 14 militares y 11 civiles muertos. Los uniformados secuestrados fueron trasladados por las Farc y posteriormente presentados ante medios de comunicación extranjeros y delegados del Comité Internacional de la Cruz Roja.
La dimensión del ataque también se entiende al mirar las características de la población que lo vivió. De acuerdo con la Unidad para las Víctimas, Mitú tenía entonces 9.596 habitantes, de los cuales el 66,6 % pertenecía a comunidades indígenas, organizadas en 19 comunidades. Su ubicación en la frontera con Brasil y las condiciones geográficas del departamento habían facilitado la presencia de las Farc, que desde mediados de los años noventa adelantaban una ofensiva militar en el sur y el oriente del país.
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De acuerdo con el Ejército Nacional, para el Gobierno de la época, la toma buscaba demostrar la capacidad militar de las Farc y su intención de poner en evidencia la debilidad del Estado en regiones apartadas del país. El secuestro de los uniformados también hizo parte de esa estrategia de presión, en un contexto en el que la guerrilla buscaba forzar un intercambio de personas privadas de la libertad.
A 28 años de estos hechos, la toma de Mitú sigue siendo uno de los episodios más recordados del conflicto armado en el Vaupés, no solo por la magnitud del ataque, sino por las consecuencias que dejó entre sus habitantes, las comunidades indígenas y las familias de las víctimas.
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A propósito de otro aniversario, el Centro Nacional de Memoria Histórica acompañó un acto conmemorativo para recordar a las víctimas y a los habitantes que vivieron el ataque. La jornada se realizó junto a la Gobernación del Vaupés y la Alcaldía de Mitú, mientras que el CNMH señaló que mantener viva esta historia es también un compromiso con la verdad y con las nuevas generaciones, para que hechos como los ocurridos en Mitú no se repitan.