Tanto EE.UU. como nosotros estamos muy preocupados por Venezuela: Santos
El presidente Santos, en su discurso durante la cena del ‘Grupo de Trabajo para la paz de Colombia’, confesó que la paz será nuevamente un caballo de batalla en elecciones.
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El presidente Juan Manuel Santos se mostró "convencido" de que su homólogo estadounidense, Donald Trump, reconocerá el "éxito" de la relación entre EE.UU. y Colombia, y "renovará una hoja de ruta" para el futuro bilateral.
Al comienzo de su visita de tres días en Washington, el mandatario colombiano dijo ser "optimista" sobre el resultado de la reunión que mantendrá este jueves en el despacho oval con el multimillonario, la primera de ambos tras la llegada del magnate a la Casa Blanca.
"El presidente Trump es un líder pragmático. Yo tengo confianza en que él sabrá reconocer el singular éxito de Colombia y nuestro potencial de crecimiento. Él, mejor que nadie, sabe cómo identificar una buena inversión. Es mi deseo que, cuando nos veamos mañana, empecemos a construir una renovada hoja de ruta en la que asumamos compromisos con objetivos claros y medibles", dijo.
Durante su intervención en una cena de gala en la Biblioteca del Congreso estadounidense con motivo de la presentación del informe bipartidista elaborado por el Grupo de Trabajo sobre Paz y Prosperidad de Colombia del centro de estudios Atlantic Council, Santos se comprometió a trabajar para reducir la producción de cultivos de coca, una de las mayores preocupaciones para EE.UU.
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Santos reconoció el incremento sustancial de cultivos ilícitos en su país, pero destacó también las herramientas que contiene el acuerdo de paz para la lucha antidrogas, así como la capacidad que tendrá el Estado en el posconflicto para "dar una alternativa duradera a la plantación de coca".
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"Colombia está en un punto de inflexión y no va a ir hacia atrás", dijo el mandatario respecto a la rúbrica del acuerdo de paz con la guerrilla de las Farc, pero también advirtió que "es más difícil hacer la paz que hacer la guerra", para lo que pidió de nuevo el apoyo del Congreso y del Gobierno estadounidense.
"Hoy les pido -incluso si ustedes creen que el Acuerdo de Paz es imperfecto- que apoyen a Colombia", afirmó ante el asesor de seguridad nacional de la Casa Blanca, H.R. McMaster, y el veterano de la CIA Juan Cruz, quien será el nuevo encargado de Latinoamérica y el Caribe en la Casa Blanca.
"Ayúdennos a garantizar la implementación de la paz para asegurarnos de que la Justicia prevalezca, para asegurarnos de que nuestro país se mantenga unido e integrado, y para asegurarnos de que sean sancionados quienes quebrantaron la ley y pisotearon los derechos humanos", aseveró.
Además, el mandatario alertó de la polarización política, que reconoció derivada de las negociaciones con las Farc, pero que previsiblemente será más fuerte a medida que se acerquen las presidenciales de 2018.
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Este fue el discurso completo de Santos en la cena en Washington:
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Gracias, Peter, por sus generosas palabras de introducción. Gracias al Atlantic Council… a Fred Kempe, Adrienne Arsht y Peter Schechter por su liderazgo en todos los temas que conciernen a América Latina.
Y gracias especialmente por su profundo interés en Colombia.
El Centro para América Latina que dirige Peter –junto a Jason Marczak y mi compatriota Andrea Saldarriaga– ha hecho seguimiento a la transformación de Colombia en los últimos años. Peter ha sido un amigo y consejero de nuestro país por mucho tiempo.
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El Grupo de Trabajo para la Paz y la Prosperidad –que hoy nos entrega su informe a los gobiernos de Estados Unidos y de Colombia– no habría sido exitoso sin el liderazgo de los senadores Roy Blunt y Ben Cardin.
Ellos lideraron un grupo de notables: miembros del Congreso, líderes políticos, exfuncionarios públicos, y representantes del sector privado y de la sociedad civil, tanto republicanos como demócratas.
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De hecho, los senadores Blunt y Cardin son muestra de la esencia de la amistad y apoyo bipartidista, de casi dos décadas, por parte de Estados Unidos hacia Colombia.
El Grupo de Trabajo nos ha proporcionado una hoja de ruta para el avance de las relaciones entre Estados Unidos y Colombia, no solo para 2017, sino para los próximos años. Su informe destaca las futuras prioridades de una relación que viene de muchos años atrás.
Mientras la incertidumbre crece en el resto del mundo, perdura la certeza sobre la sólida relación que existe entre Estados Unidos y Colombia.
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Líderes de ambos partidos, a lo largo de varias administraciones en Estados Unidos, han reconocido esa solidez y siempre le han dado a Colombia un gran apoyo bipartidista.
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Esta noche, me complace estar en compañía de nuevos amigos y, sobre todo, estoy inmensamente agradecido de ver tantas caras familiares, de quienes no solo han respaldado a Colombia, sino que también nos han orientado en tiempos difíciles.
¿Por qué ha funcionado tan bien esta relación? Principalmente, porque creemos en los mismos objetivos: los de un hemisferio occidental democrático, próspero y más seguro.
Pero también ha funcionado porque invertir en Colombia ha sido clave para Estados Unidos.
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Nuestra economía es una de las más fuertes de la región y estamos en camino de ingresar a la OCDE. La inseguridad es ahora mucho menor; la tasa de homicidios se redujo en dos terceras partes durante la última década. Los avances en educación, salud y programas sociales han permitido que millones de colombianos conformen hoy una nueva clase media –que ha crecido de manera estable durante las últimas dos décadas–.
El informe sobre facilidad para hacer negocios del Doing Business 2015, del Banco Mundial, ubicó a Colombia en el puesto 34 entre 189 países –y en el primero entre todos los países de América Latina–.
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Vean el caso de Cartagena, que es –hoy en día– uno de los destinos turísticos más apetecidos en el mundo. No se puede conseguir una habitación de hotel allí. Eso explica aquel anuncio publicitario –para promover el turismo en Colombia– que dice “el riesgo es que te quieras quedar”.
Nuestros dos países trabajan juntos en proyectos de seguridad en la región, así como en Afganistán y África. Somos el único país Suramericano con estatus de “socio global” ante la OTAN.
Ambos creemos en los mercados abiertos. Votamos en bloque el 80 por ciento de las veces en las Naciones Unidas. Los dos estamos muy preocupados por nuestra vecina Venezuela.
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Todo esto es más que una coincidencia de intereses. Es el resultado de compartir valores.
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Tal vez más importante es que, con la ayuda de ustedes, ha finalizado el que parecía ser un interminable conflicto en Colombia.
El legado que quiero dejarle a mi país, además de un genuino esfuerzo por construir la paz, es también robustecer las relaciones con aliados estratégicos que apoyen la paz.
Colombia está en un punto de inflexión, y no retrocederemos. Estamos mirando hacia el futuro.
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El posconflicto será difícil y costoso. Ustedes saben que la paz ya nos ha dividido a muchos de nosotros. He perdido horas de sueño, y a muchos amigos, por mi firme convicción de que la paz es el mejor negocio para los colombianos.
Hoy les pido –incluso si ustedes creen que el Acuerdo de Paz es imperfecto– que apoyen a Colombia… Ayúdennos a garantizar la implementación de la paz para asegurarnos de que la justicia prevalezca, para asegurarnos de que nuestro país se mantenga unido e integrado, y para asegurarnos de que sean sancionados quienes quebrantaron la ley y pisotearon los derechos humanos.
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Ahora bien –no les mentiré– con las elecciones presidenciales que se avecinan en Colombia será un año de mucha controversia, y el acuerdo de paz es susceptible de convertirse –otra vez– en el caballo de batalla de diferentes campañas políticas.
Pero no se equivoquen: la paz en Colombia NO es un proyecto de Santos. Este es un proyecto para el futuro de nuestro país. Y estoy convencido de que, trabajando juntos, podremos demostrar –no solo a nuestros opositores en Colombia, sino a otras zonas del mundo en conflicto– que los consensos son posibles y que la paz es posible en el marco de la democracia.
Nuestro extraordinario embajador en Estados Unidos, Juan Carlos Pinzón, me dijo que este informe no es solo para felicitar a Colombia. También es exigente.
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Nos queda trabajo por hacer –y debemos hacerlo juntos–. Necesitamos acelerar y profundizar la lucha contra el crimen trasnacional.
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Con los nuevos programas de desarrollo alternativos, contemplados en los acuerdos de paz, vamos a reducir el número de hectáreas con cultivos de coca.
Pero el crimen trasnacional no se limita a drogas o narcóticos. Estas estructuras ilegales también se alimentan de la trata de personas, así como de la minería ilegal y la deforestación. Asumir estas problemáticas requerirán de mayor cooperación internacional.
En momentos en que la nueva administración de Estados Unidos busca renovar la relación con sus principales socios alrededor del mundo, yo doy por bienvenido este informe. Esta es una demostración de que, a pesar de eventuales tropiezos en determinadas coyunturas, nuestra relación se ha profundizado exitosamente con el paso del tiempo.
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Ahora no será diferente, porque el vínculo entre Bogotá y Washington va más allá de quienes se sientan en la Casa Blanca y la Casa de Nariño.
El presidente Trump es un líder pragmático. Yo tengo confianza en que él sabrá reconocer el singular éxito de Colombia y nuestro potencial de crecimiento. Él, mejor que nadie, sabe cómo identificar una buena inversión. Es mi deseo que, cuando nos veamos mañana, empecemos a construir una renovada hoja de ruta en la que asumamos compromisos con objetivos claros y medibles.
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Este importante informe, escrito por un grupo de eminencias que saben lo que se necesita para preservar la democracia y sembrar las semillas de un futuro próspero, es un plan de acción para el nuevo capítulo de la relación entre Estados Unidos y Colombia.
Sé que el presidente Trump tomará esto con mucha seriedad. Tengo certeza de que así será.
Estoy muy agradecido con ustedes por su consejo, su liderazgo y su respaldo hacia el aliado, socio estratégico y amigo más cercano de Estados Unidos en la región.
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Muchas gracias.