El arte de vivir ligero sin dejar de ser responsable
En una sociedad que vive acelerada y cargada de estrés, tal vez la sabiduría no está en hacer más, sino en aprender a soltar. El Caribe lo dice simple: “vacílatela” y “cógela suave”.
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Hay dos expresiones del Caribe colombiano que a mí me gustan mucho: “Vacílatela” y “Cógela suave”. Me gustan porque expresan una actitud ante la vida. Cuando con nuestro acento untado de mar decimos “Vacílatela”, estamos diciendo: disfrútala, gózatela, pásala bien, sácale el gusto al momento. Es una invitación con sabor a libertad. No es superficial ni una llamada a la irresponsabilidad; más bien es una manera de recordarnos que la vida no se vive solo resolviendo problemas, sino también saboreando lo que sí está bien.
Cuando decimos “cógela suave” estamos diciendo: tómalo con calma, no te estreses, relájate, no te lo tomes tan en serio. Es una invitación a bajar la intensidad, a no complicarse de más, a soltar la presión. Creo que contiene toda una filosofía de vida más ligera, más confiada, menos angustiada. No significa irresponsabilidad, sino saber cuándo aflojar, cuándo no desgastarse innecesariamente. En el fondo, es casi un consejo de sabiduría popular: no todo merece tu angustia, ni toda situación exige que te desgastes.
En ninguna de las dos hay una propuesta de ser irresponsables ni de pereza. Lo que hay es entender que vivir estresado no sólo no es garantía de solución de los problemas sino que nos termina enfermando.
Hoy, cuando se celebra el Día Mundial del Teatro, pienso en cómo a veces asumimos todas las experiencias de la vida como si fueran un drama. Y no siempre lo son. Creo que necesitamos tener más actitudes que nos permitan vivir con mayor ligereza, sin dejar de ser responsables.
Porque hay quienes viven sobreactuando el dolor, magnificando cada dificultad, instalándose en el conflicto como si fuera el único libreto posible. Y se les olvida que también se puede interpretar la vida desde la gratitud, desde la serenidad, desde una alegría sencilla pero profunda.
Tal vez no se trata de negar lo que duele, sino de no convertir todo en tragedia. De aprender a distinguir entre lo que exige carácter… y lo que solo necesita soltarse un poco.
Entre el “vacílatela” y el “cógela suave” hay una sabiduría que vale la pena recuperar: vivir con compromiso, sí, pero sin rigidez; tomarse la vida en serio, pero no con pesadez.
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