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El pequeño gesto que ha logrado reunir a familias y amigos tras años sin hablar

Las relaciones cercanas suelen desgastarse por pequeños desentendimientos y silencios prolongados. Tomar la iniciativa para una charla serena, reconocer la propia responsabilidad y escuchar sin acusar resulta clave para recuperar vínculos afectivos.

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Alberto Linero
Foto: Blu Radio

Hay relaciones que se van dañando sin que ocurra un gran acontecimiento. Una respuesta dicha con mal tono, una promesa incumplida, una diferencia que quedó sin resolver o una ausencia que el otro interpretó mal pueden abrir una distancia. Después llegan los días sin hablar. Cada uno organiza su versión de lo sucedido y espera algún movimiento de la otra parte.

He vivido situaciones así. Con el tiempo aprendí que esperar suele complicarlas. Uno encuentra razones para justificar su silencio y termina acostumbrándose a una relación que antes era cercana y ahora está llena de prevenciones. A veces hasta ensayamos mentalmente lo que diremos cuando el otro decida acercarse. El problema es que la otra persona puede estar haciendo exactamente lo mismo.

Tomar la iniciativa requiere reconocer cuánto nos importa esa relación. Si alguien ha sido importante en nuestra historia, vale la pena intentar una conversación. Podemos llamar, enviar un mensaje o proponer un café. El propósito inicial debería ser abrir un espacio donde sea posible hablar con tranquilidad. Llegar con una lista de acusaciones hará difícil cualquier acercamiento.

También conviene revisar la propia responsabilidad antes del encuentro. En los conflictos solemos recordar con mucha precisión aquello que nos hicieron. Nuestra participación puede resultar menos evidente. Reconocer una palabra hiriente, una reacción desproporcionada o una falta de atención ayuda a comenzar la conversación desde un lugar más sereno.

Dar el primer paso tampoco garantiza el resultado. La otra persona puede necesitar tiempo. Quizá tenga una interpretación diferente de lo ocurrido. Incluso puede decidir que prefiere mantener la distancia. Esa posibilidad existe y tendremos que respetarla. Nuestra tarea consiste en hacer con honestidad aquello que está a nuestro alcance.

He visto amistades recuperarse después de años por una llamada sencilla. También conozco familias que pudieron volver a sentarse alrededor de una mesa porque alguien decidió buscar al otro. Generalmente ese primer acercamiento estuvo lejos de ser perfecto. Hubo incomodidad, explicaciones difíciles y momentos de silencio. Fue suficiente para comenzar.

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Si tienes una relación importante deteriorada y consideras que existen condiciones para acercarte, toma la iniciativa. Busca un momento adecuado y habla con sencillez. Reconoce aquello que te corresponde. Escucha la versión del otro completa antes de responder. Tal vez la relación necesite varias conversaciones para encontrar una nueva forma.

Dar el primer paso cuesta. A veces cuesta menos que seguir acumulando años de distancia con alguien que todavía nos importa.

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