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El planeta no es infinito: la responsabilidad empieza en lo cotidiano

La relación con el medio ambiente se construye en decisiones simples, pero constantes.

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Alberto Linero
Foto: Blu Radio

Las fotos que se han publicado de la misión Artemis II han sido una oportunidad para admirar el planeta en el que vivimos y sentirme responsable con él. Y creo que esta sensación la tengo a partir de que vivimos como si el planeta fuera infinito, cuando no lo es. Son los momentos en los que tengo claro que tengo que salvar el mundo, y que eso no es un discurso abstracto sino una misión que puedo realizar en las pequeñas decisiones cotidianas.

Tengo claro que todos contaminamos, y que esa afirmación de que “contaminamos un poquito sin importancia” es falsa.

Cada vez que desperdicias agua mientras te cepillas los dientes.

Cada vez que usas plástico sin necesidad.

Cada vez que tiras comida.

Cada vez que eliges la comodidad por encima del cuidado.

No parece grave en el momento pero multiplicado por millones, es devastador. Estamos acabando el planeta.

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Tampoco se trata de volverse perfecto ni radical o un fanático del tema. Se trata de hacerse responsable:

Cerrar el grifo mientras no lo necesitas.

Llevar una bolsa reutilizable.

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Pensar antes de comprar: “¿realmente lo necesito?”

Separar residuos cuando sea posible.

Cuidar la energía en casa.

Son decisiones pequeñas, pero constantes, que cambian la relación con el entorno. Aquí hay una verdad no heredamos la Tierra de nuestros padres, la estamos tomando prestada de quienes vienen después. Y eso cambia la perspectiva. El Día de la Tierra no debería ser un evento debería ser una pausa para preguntarnos con honestidad: ¿Estoy viviendo de una manera que cuida la vida… o solo de una manera que me resulta cómoda? Porque el planeta no necesita discursos. Necesita personas que, en lo cotidiano, decidan vivir con más conciencia.

Termino recordando que el papa Francisco insistía en que todo está conectado y que no podemos hablar de cuidado del planeta sin revisar nuestros estilos de vida cotidianos. Señala que la crisis ecológica no es solo ambiental, sino también ética y espiritual, porque nace de una relación desequilibrada del ser humano con la naturaleza. Por eso propone una “conversión ecológica”, que implica asumir responsabilidad personal en gestos simples.

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