El cuidado de una persona mayor suele estar asociado con compromiso, dedicación y largas jornadas de atención. Sin embargo, en medio de esa responsabilidad, existe una realidad que con frecuencia pasa desapercibida: quienes cuidan también necesitan cuidar de su propia salud. Especialistas en geriatría advierten que el bienestar del cuidador es un factor determinante para garantizar una atención adecuada y proteger tanto su calidad de vida como la de la persona a su cargo.
En el marco del Día Internacional del Autocuidado, que se conmemora cada 24 de julio por iniciativa de la Federación Global de Autocuidado, expertos hicieron un llamado a fortalecer los hábitos saludables y a entender que el autocuidado no es un lujo ni un acto de egoísmo, sino una herramienta fundamental para la prevención de enfermedades y el bienestar integral.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) define el autocuidado como la capacidad que tienen las personas, las familias y las comunidades para promover la salud, prevenir enfermedades y afrontar diferentes condiciones de salud con o sin el acompañamiento de un profesional. Además de mejorar la calidad de vida, esta práctica también representa beneficios sociales y económicos al reducir la presión sobre los sistemas sanitarios y favorecer la prevención.
La necesidad de fortalecer estas prácticas cobra aún más relevancia en un contexto marcado por el envejecimiento de la población. El aumento de personas mayores implica una mayor demanda de cuidados permanentes y, con ello, una carga física y emocional cada vez más alta para familiares y cuidadores.
Para la doctora Ana María Ayala, médica cirujana, especialista en geriatría e investigadora en envejecimiento del Sealy Center on Aging de la University of Texas Medical, la salud del paciente y la del cuidador están estrechamente relacionadas.
"El cuidado de una persona mayor implica cuidar también a quienes hacen parte de su entorno. La salud del cuidador y la salud del paciente están conectadas e interrelacionadas", afirmó la especialista.
Publicidad
La experta explica que los cuidadores suelen enfrentarse a jornadas extensas, falta de descanso, estrés constante y una tendencia a relegar sus propias necesidades médicas. En muchos casos, posponen consultas, exámenes de rutina e incluso esquemas de vacunación porque consideran que la prioridad es siempre la persona que depende de ellos.
Ese desgaste sostenido puede tener consecuencias importantes. Según Ayala, el estrés crónico, la falta de sueño y el agotamiento físico afectan el funcionamiento del sistema inmunológico, lo que puede disminuir la capacidad del organismo para responder a infecciones y prolongar los tiempos de recuperación.
La situación cobra especial importancia frente a enfermedades respiratorias como la influenza, el virus sincitial respiratorio, el COVID-19 y las infecciones causadas por el neumococo. Los cuidadores mantienen un contacto permanente con personas que, por su edad o condiciones médicas, tienen un mayor riesgo de desarrollar complicaciones, por lo que proteger su propia salud también significa reducir el riesgo para quienes reciben sus cuidados.
Publicidad
En ese sentido, la vacunación continúa siendo una de las principales estrategias de prevención. La OMS la considera un componente esencial de la atención primaria en salud y una de las intervenciones más efectivas para controlar enfermedades infecciosas durante todas las etapas de la vida.
La doctora Ayala recuerda que existe la creencia equivocada de que las vacunas son exclusivas de la infancia, cuando en realidad los adultos también requieren refuerzos y esquemas de inmunización acordes con su edad y condiciones de salud.
"La vacunación es una medida de protección durante toda la vida y, para un cuidador, también es una forma de proteger a la persona que cuida", señaló.
Los especialistas también destacan que el autocuidado va mucho más allá de asistir al médico. La Federación Global de Autocuidado promueve siete pilares fundamentales para fortalecer la salud: mejorar la alfabetización en salud, priorizar el bienestar mental, realizar actividad física de forma regular, mantener una alimentación equilibrada, evitar conductas de riesgo, adoptar buenos hábitos de higiene y hacer un uso responsable de los servicios y productos de salud.
Finalmente, la especialista reiteró que cuidar de uno mismo es una responsabilidad que beneficia directamente a quienes dependen de ese acompañamiento diario.
"Cuidarse no es un acto de egoísmo sino una responsabilidad. Mantenerse sano es una de las mejores formas de proteger a quien está bajo nuestro cuidado. Vacunarse hace parte de ese compromiso. No solo nos protege a nosotros, también protege a la persona que más nos necesita. Cada vacuna es una forma de decirle a la persona que cuidamos: 'quiero estar sano para poder seguir cuidándote'", concluyó.